El 76% de las mujeres privadas de libertad se encuentra encarcelada en calidad de sospechosa de haber cometido algún delito; únicamente el 24% de ellas tiene condena por algún delito. Ellas constituyen la décima parte del total de privados de libertad en el sistema penitenciario boliviano, y cargan una vida de dificultades debido al sistema que carece de un enfoque de género en los aspectos que van desde la infraestructura hasta la vulneración de derechos.

Los porcentajes de personas con detención preventiva y personas condenadas se asemejan a los de los hombres privados de libertad, en el informe emitido por la Defensoría del Pueblo “Bolivia: Situación de los Derechos de las Mujeres Privadas de Libertad” (2013) recientemente publicado. El informe tomó en cuenta a 973 mujeres en nueve penitenciarias del país, y aplicó una encuesta a 214 privadas de libertad.

Una visión carente de posición de género, dice el documento, se expresa en “innumerables barreras” en el acceso a los servicios dentro de las penitenciarías; restricciones y diferenciaciones de la norma para con las mujeres; el sistema de visitas restrictivo; la responsabilidad de crianza de los hijos dentro y fuera del hogar; el prolongamiento del rol reproductivo y una larga historia de violencia. Todo esto hace que la realidad penitenciaria de las mujeres sea mucho más agresiva y desigual que para los hombres.

Una mayoría (90%) de la población penitenciaria está en el rango de edad de 22 a 59 años, el 8% es adolescente (con mayor presencia en el eje La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) y el 2% es adulta mayor. Las condenadas con sentencia ejecutoriada y las detenidas preventivamente comparten espacios, pero también comparten espacio con los privados de libertad varones porque pocos centros de reclusión son específicos para mujeres.

La justicia en BoliviaSu situación procesal está relacionada al tipo de defensa que tienen. Un 57% no tiene abogado de Defensa Pública por carecer de recursos económicos, y un 41% cuenta con abogados particulares. Sobre estos últimos, “los testimonios recogidos dan cuenta que la impunidad campea porque cobran, les visitan e informan al principio y luego desaparecen porque, en gran parte de los casos vistos, las mujeres no tienen familiares o amigos/as que les apoyen en el seguimiento a sus causas”. La vigilancia legal del caso se abandona, y la situación es mucho peor para mujeres de otros departamentos o extranjeras.

La discriminación hacia las mujeres extranjeras e indígenas, las obligaciones económicas para sobrevivir dentro de la cárcel, la responsabilidad exclusiva sobre los hijos que la acompañan o que están en casas de acogida estatales, la restricción de ingreso a espacios educativos (por motivos de “seguridad”) cuando para los varones es irrestricto, las dificultades de acceso a los servicios (desde el agua), son algunos de los problemas y derechos vulnerados de las mujeres en los centros penitenciarios del país.

Asimismo la violencia que se vive en los centros penitenciarios es el pan de cada día, va de las antiguas y con condena a las nuevas y sin condena, de las adultas a las adolescentes, de las nacionales a las extranjeras, de las “urbanas” contra las indígenas, de las lugareñas hacia las de otros departamentos o provincias, del personal de seguridad hacia todas ellas, pero fundamentalmente va dirigida a las adolescentes y extranjeras.

Testimonios recogidos por el informe:

“Hay cinco celdas (más de las señaladas) pero no tienen puertas, los techos de teja están rotos, no hay luz ni marcos en ventanas. No hay iluminación en el patio. Antes teníamos la puerta abierta para salir a kioscos pero ahora le ponen candado y esto se debe a que entre nosotras había dos mujeres prostitutas que salían (a hacer pieza) con los hombres privados y como hace tres meses, nos pusieron un candado...”. Tarija .

“Tres mujeres comparten 2 catres y una cuarta que antes estaba, dormía sobre el piso. Tienen ducha con la puerta partida, sin madera en la parte de abajo, ingresa viento, no tiene vidrios en la parte superior del trozo de madera que funge como puerta, por donde también entra frio. Todo es de cemento (aproximadamente 1 ½ metros de cemento y 1 metro con estuco). Hay hongos en el piso por su mal estado”. Sucre – San Roque.// PIEB

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