10 feb. 2014

La revolución del 10 de Febrero de 1781 fue la más sangrienta que jamás se vivió en Oruro. Los españoles fueron victimados a palos y piedras, otros escaparon y después, retornó la represión contra los orureños, porque fueron detenidos, encarcelados, traslados a pie a las cárceles de Buenos Aires y sentenciados a muerte lenta, sin alimentación.

Oruro tenía el nombre de Real Villa de San Felipe de Austria. Dependía de la corona española y sus autoridades eran nombradas desde la otra parte del mundo. La riqueza que se extraía en forma intensa se llevaba en carretas a los puertos del Pacífico y de allí se enriquecían las arcas del rey Carlos III.

Un día antes, el 9 de febrero, Sebastián Pagador emitió la proclama:

“Amigos, paisanos y compañeros: Estad ciertos que se intenta la más leve traición contra nosotros por los chapetones; esta noticia acaba de comunicárseme por mi hija; en ninguna ocasión podemos mejor dar evidentes pruebas de nuestro amor a la patria, sino en esta; no estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas gustosos en defensa de la libertad; convirtiendo toda la humildad y rendimiento que hemos tenido con los españoles europeos, en ira y furor…”.

Historia de OruroAntes de la revolución del 10 de Febrero de 1781, hubo más de cien rebeliones o revueltas, calificadas en regionales o locales, por su espontaneidad o planificación, la mayoría de éstas tuvo un carácter anti fiscal, es decir, en contra del tributo, pero sobre todo en contra del reparto; hubo también rebeliones de la masa indígena contra los caciques, sobre todo cuando eran impuestos por el corregidor, o revueltas contra los clérigos por abusos de algunos curas o por tenencia de la tierra (folleto Oruro en el tiempo, 1606 - 2006).

En la Villa de San Felipe de Austria, la sociedad colonial se caracterizaba por ser estamental, cuya jerarquía se basaba en la riqueza, linaje y raza; de acuerdo a Fernando Cajías, la minería fue la actividad económica dominante, pero aleatoria, con ciclos de auge, de depresión, siendo la actividad más rentable y estable el comercio.

La coca, producto tradicional no pagaba impuestos, a consecuencia de las reformas se establecen impuestos a este producto, las protestas fueron inmediatas. Esta situación explica por qué, entre los acusados de ser cabecillas de la sublevación, estaban importantes comerciantes como Pedro Ascuas y Bernabé Pineda.

Para fines de 1780, la ciudad presentaba dos grupos antagónicos muy importantes: el primero formado por mineros-azogueros criollos como Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, Diego Flores, Isidro de la Riva, Domingo Herrera; por los pequeños comerciantes como Bernabé Pineda, Gregorio Salamanca, Blas Gascón, entre los otros aliados como el partido criollo. El segundo grupo giraba en torno al corregidor Urrutia y su séquito vasco entre los que se encontraban Fernando Gurruchaga y Manuel Mugrusa, José Ruiz de Soriano, entre otros, conocido como el partido europeo.

Los conflictos económicos, políticos y la rivalidad entre criollos y europeos, generaron un ambiente propicio para que se diera la sublevación, sin embargo, fueron tres causas desencadenantes: La noticia y la propagación de la rebelión de Túpac Amaru, las elecciones de alcaldes del 1 de enero de 1781 y los conflictos en las milicias que se aprestaban a defender la Villa.

El corregidor Manuel Urrutia organizó una tropa de trescientos hombres, nombró capitanes y demás oficiales como don Manuel Serrano. El 9 de febrero, a las diez de la noche salieron del cuartel algunos soldados de la compañía de Serrano, pidiendo socorro a los demás, y averiguada la causa, Sebastián Pagador respondió en voz alta los detalles de la famosa proclama, difundiéndose el mensaje insurrecto por toda la Villa de San Felipe de Austria. Sebastián Pagador recordó las vejaciones que sufrían por el gobierno español y sus seguidores y otras razones que exaltaron los ánimos. Estallada la revolución, el corregidor Urrutia, fugó a Cochabamba a pedir auxilio, pero los españoles, los funcionarios públicos, los vasallos del rey, se asilaron en la casa de José Endeyza, que luego de un tenaz combate, el pueblo arrojó cestas incendiarias de ají, para contrarrestar las armas de fuego, hasta destruirlas.

Los españoles más notables fueron victimados a palos y piedras. Los orureños, al pasar por la calle del Correo, quitaron las armas del rey, que estaban fijadas sobre la puerta, pisándola y ultrajándolas. Según los orureños, en esta tierra había fenecido el reinado de Carlos III.

La Revolución de Oruro fue una verdadera iniciativa de la Guerra de la Independencia, con el deseo manifestado de constituir una patria libre. Los hechos referidos por un historiador realista, los documentos oficiales y parte del corregidor Urrutia, convencen de aquello. Los pasquines sediciosos, según la “Relación Histórica” corroboran este hecho. Los iniciadores y promotores de la revolución, fueron los criollos vecinos más acaudalados de Oruro, como Juan de Dios Rodríguez, Jacinto Rodríguez, Delgado, Amezaga, Lazo, Serrano, Gardum, Menacho, Montesinos, Azurduy, los Herrera y Galleguillos. El pueblo de Oruro armado de hondas y palos, destituyó a las autoridades establecidas y proclamó franca y explícitamente patria y libertad. Hubo 62 muertos, de los cuales 27 eran españoles, 14 negros, 1 criollo, 1 mestizo y 19 indígenas.

Oruro quedó en ruinas, después de la revolución del 10 de Febrero de 1781. Las casas estaban destruidas, porque tres años después, cuando todo estaba en calma, retornaron los españoles, persiguieron a los orureños, casa por casa, detuvieron a los cabecillas, le echaron sal a las casas derruidas, confiscaron todos sus bienes, mataron a algunos, otros fueron llevados a las cárceles de Buenos Aires, muchos murieron en estado de inanición y otros locos, incluyendo a tres mujeres, María Quiroz, María Francisca Goya y Francisca Orosco.

Himno y escudo de Oruro responden a identidad Uru

Oruro descubrió su identidad Uru (luz) a 233 años de la revolución del 10 de Febrero de 1781, en base a un estudio, análisis y reflexión de expertos, para respetar su Himno y su Escudo, que datan de hace más de cien años y que reflejan el trabajo, la cultura, la complementariedad y una mirada profunda hacia el desarrollo y al Litoral boliviano.

Las autoridades, instituciones y el pueblo lograron el consenso, después de un intenso debate sobre la importancia de los dos símbolos más relevantes que tiene el departamento de Oruro. “Aquí se encuentran los urus. Nosotros somos urus y Oruro quiere decir luz-luz, de donde nace la luz y debemos caminar en ese sentido”, afirmó el investigador Óscar Encinas Montaño.

“Nosotros somos hombres de la luz”, expresó. La luz también está reflejada en el Escudo de Oruro, cuando se muestra el nevado Sajama, “coronada de luz y libertad”, como señala el Himno, pero esa luz y libertad está también reflejada en la Virgen del Socavón, el lienzo descubierto el 2 de febrero de 1789, una imagen sagrada que “está coronada por dos ángeles, que son precisamente la luz y la libertad”.

La simbología fue descifrada por Encinas ante la Asamblea Legislativa Departamental de Oruro, cuyos integrantes, autoridades y representantes de instituciones, quedaron abrumados con las explicaciones, porque “no hay nada que rebatir, sino descubrir aquellos símbolos que fueron incluidos en el Escudo de Oruro y que están paso a paso concatenados con el Himno a Oruro”.

Los urus no formaban parte de los aymaras y quechuas, sino que convivían y realizaban intercambio de productos, antes que lleguen los españoles. Por eso, según las fundamentaciones, no es extraño que los orureños hablen tres idiomas: aymara, quechua y español.

La simbología del Escudo de Oruro fue descrita también por el investigador Miguel Salas. “El Escudo Departamental es como el apellido en común de todos los orureños y no puede ser ultrajado por autoridades que en su locura y momento político tratan de menguar las glorias cívicas de nuestra tierra amada como es Oruro”, dijo.

Por su parte, Jesús Elías, miembro de la Sociedad de Historia y Geografía, señaló que el Escudo de Oruro “tiene una perfección en cuanto a las reglas, a la estructura y a los símbolos y, por eso, no va a ser cambiado y no tiene por qué ser cambiado, pues cumple perfectamente las reglas de la heráldica y la simbología representa a todo el departamento”.

Algunos asambleístas querían colocar un casco de minero. Otros deseaban agregar la quinua, mientras que algunos, en vez de la llama, pretendían colocar la vicuña y en vez del ave fénix, levantándose de sus cenizas y el fuego, querían colocar el cóndor.

El escudo tiene las herramientas fundamentales de la minería, como el cincel y el combo y un lamparín antiguo que utilizaban los primeros mineros para alumbrarse en la oscuridad de los socavones. Oruro es principal productor de llama y representa a toda la fauna animal del departamento. El ave fénix es la representación de un pueblo indómito que se levanta pese a la adversidad de la naturaleza, ubicada a 3706 metros sobre el nivel del mar.

El escudo también tiene los cuatro elementos básicos del mundo andino: el fuego, el agua (el lago Poopó), la tierra y la vida. El tren, el primer tren que llegó a Oruro en 1892, tiene un camino hacia el mar, hacia el horizonte promisorio, para lograr el desarrollo, explicó Encinas.

Después de las explicaciones científicas, ningún Asambleísta se atrevió a cambiar el Escudo de Oruro, porque significa la identidad de los orureños. Tiene respaldo popular, a través del Comité Cívico de Oruro, la Central Obrera Departamental. Es más, los asambleístas de las provincias aprendieron a querer sus símbolos principales, sin necesidad de entrar en polémica.

Orureños que representaron al país ante el mundo

Oruro tuvo un aporte valioso en la historia, la cultura, la economía y el periodismo de Bolivia. No hay mejor reconocimiento que escribir sobre ellos, aunque algunos, tal vez estén ignorados y olvidados por las nuevas generaciones de orureños.

Cada uno, desde su trabajo, su casa o sus conocimientos, han hecho un aporte fundamental y se han destacado en Oruro.

Cómo no recordar a Gilberto Rojas, Raúl Shaw Moreno, Julio Rodríguez Berrios, Manuel Soliz Flores, Zulma Yugar, José “Jacha” Flores Orozco, el actual presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, o aquellos anónimos que formaron parte de Los Ases Andinos y Los Kory Majthas, como principales impulsores de la música, en una combinación con el poeta de todos los tiempos, Luis Mendizabal Santa Cruz.

El premio Mc Luhan de la comunicación en el mundo es un orureño, Luis Ramiro Beltrán, que al principio trabajó en el periódico La Patria.

Rodolfo Rocabado Arancibia, la voz más timbrada de Oruro y que aún persiste, luchando contra las enfermedades, pero que demostró la forma en que se debe leer un informativo en radio.

El coronel Ildefonso Murguía Anze fue el comandante de los Colorados de Bolivia, en la Batalla del Alto de la Alianza, el 26 de mayo de 1880, donde afirmó: “Rotos de espantajo, agarrarse los calzones que ahora entran los Colorados de Bolivia”.

Marcos Beltrán Avila escribió los libros más importantes de la historia de Oruro, como Sucesos de la Guerra de la Independencia de 1810 o Capítulos de la Historia Colonial de Oruro.

Adolfo Mier y León, médico orureño, que hizo descubrimientos sobre la historia de Oruro, especialmente la revolución del 10 de Febrero de 1781, abanderado del federalismo, fue ministro de Gobierno y Justicia durante el gobierno de Hernando Siles, fundador de la histórica y famosa Sociedad 10 de Febrero y en su honor se colocó su nombre a una de las cuatro calles principales de la ciudad.

El primer aviador civil boliviano, Juan Mendoza y Nernuldes, cuyo nombre se pretendió cambiar por otro, el 2013, pero que con un paro cívico de los orureños, se hizo respetar su nombre, aunque el nuevo aeropuerto siga llevando una sigla que dice: Aeropuerto Internacional de Oruro.

La Diablada de Oruro, esa danza es “el sello orureño, el ícono más prestigiado, el que le da identidad y por el que todos se movilizan en la ciudad de Oruro, y por el que se logró el título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. Sin embargo, no se puede olvidar a aquellos personajes como “El Chiru Chiru” o “El Nina Nina”, que cuando murió se encontró en su cueva la famosa imagen de la Virgen del Socavón, en 1789.

El 13 de mayo de 2011, Javier Carvallo Contreras se convirtió en el primer orureño en llegar al “techo del mundo”, como se define al nevado del Everest, situado a 8.848 metros sobre el nivel del mar.

Nicolás Pidcova Chinetti, un argentino que, cuando llegó a Oruro jugó en San José como arquero, se enamoró y se quedó por siempre en esta ciudad.

Guillermo Escobar Angulo, abogado y catedrático, investigador y escritor orureño que falleció el 2013, en la mejor época de su producción.

René Tapia Ferrufino, concejal munícipe, consultor e investigador permanente de los intereses de Oruro.

Abel Flores Mújica, un radialista y presentador de los mejores espectáculos de su época, quien entrevistó a Libertad Lamarque, Raúl Shaw Moreno, Horacio Guaraní, Los Chascas, Los Jairas. Dirigió Radio Nacional de Huanuni, fue tomado preso en la época de la dictadura de Hugo Banzer Suárez.

Hugo Salvatierra Oporto era ministro de la Corte Suprema de Justicia y presidente del Colegio de Abogados de Oruro.

La Asociación de Conjuntos del Folklore de Oruro, que cumplió 50 años de trabajo, en defensa de la cultura, el turismo y la coreografía y principal promotor del título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad para el Carnaval de Oruro.

El Club Oruro Rojal que tiene 118 años, el más antiguo de Bolivia, pero también el Club San José, que es el equipo más representativo de Oruro, con títulos nacionales que levantaron el espíritu regional.

A esta lista, falta agregar a muchos más, pero eso requiere una investigación más profunda, para encontrar a todos los orureños que dieron su vida por esta tierra.// El Diario (NET)

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