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La cobertura periodística es un proceso que se desarrolla en interacción entre fuentes de información y jefes de redacción (o tomadores de decisión dentro de un medio de comunicación); es decir que se trata de una dinámica en la que el periodista también pone su punto de vista. Un estudio que recoge las opiniones de periodistas sobre su trabajo muestra que un 54% de ellos admite “haber recibido instrucciones para limitar la cobertura de información”.

El estudio “Censura y autocensura periodística en Bolivia – Una perspectiva desde la profesión misma” (2014) y fue publicado este año por la Fundación UNIR. Su autora, la periodista Virginie Poyetton, explica que en la realidad ese porcentaje es tal vez mayor, “teniendo en mente que el porcentaje de periodistas que han escuchado hablar de colegas que sufrieron censura es de 83%”.

La investigación se hizo con base en encuestas a 54 periodistas en ejercicio de la profesión en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, hombres y mujeres, de entre 30 y 45 años, trabajando en medios privados en radio, televisión, periódico y en la modalidad freelance. Posteriormente esos resultados se trabajaron en grupos focales en las mismas ciudades para tratar de profundizar algunos análisis.

Poyetton dice que la investigación demostró algunos límites, como el hecho de que los periodistas se vieron confrontados a “admitir que uno/a ha sido víctima de censura o de autocensura, aunque sea de manera anónima”. “Es más fácil –y también más seguro en términos de protección laboral—reconocer que le pasó a un/a compañero/a que a uno mismo”. En cualquier caso, dice la autora, “los dos porcentajes señalados son suficientemente alarmantes como para concluir que existen limitaciones fuertes al ejercicio periodístico en Bolivia”.

La prensa en BoliviaPero parte de las limitaciones que afectan a la cobertura periodística está en preocupaciones éticas de los propios periodistas, por ejemplo un 21% de ellos está preocupado por afectar a la moral pública, defender a la niñez y adolescencia, reserva ante actos de violencia para no dañar a personas inocentes, etcétera. A pesar de ello un 54% de casos se refieren a actos de censura “en la medida en que impiden el pleno ejercicio de la libertad de expresión”.

La investigación indaga en la libertad de expresión e información, consultando a los periodistas acerca del acceso a la información pública, las fuentes de difícil acceso (FFAA, Policía y embajadas), las amenazas verbales, la censura periodística, el dilema entre la autocensura y la ética periodística, cómo se suele superar la autocensura y la censura, consideraciones sobre el código de ética y percepciones acerca de cómo luchar contra la censura o autocensura (desde el interior o desde el exterior del periodismo).

En este último punto los profesionales consultados consideran que los actores que tendrían que encargarse de la lucha contra la (auto)censura son sus propios gremios, eso implica que “los periodistas apuntan a un autocontrol de la profesión” a través de sus representantes y, en segundo lugar, por los propios periodistas y usando los medios de comunicación (a través de denuncias públicas).// PIEB (BO)

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