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En los últimos años las mujeres de las áreas rurales han accedido legal y efectivamente a la tierra, pero ese proceso ha sucedido en medio de la pobreza y el declive de la pequeña producción campesina, un hecho que ha derivado en resultados no precisamente favorables sino más bien en una “igualación hacia abajo”, según un estudio de Fundación Tierra.

La investigación “Inclusión en contextos de exclusión. Acceso de las mujeres campesinas e indígenas a la tierra”, elaborada por Gonzalo Colque y Floriana Soria Galvarro, expone el proceso en el que las mujeres campesinas e indígenas han accedido a la tierra en los últimos años, con el propósito de analizar los impactos de esos procesos inclusivos.

La inclusión es innegable puesto que se ha verificado que las mujeres campesinas e indígenas han ganado presencia y participación en espacios habitualmente controlados por los hombres, se benefician en mayor medida del control y usufructo del patrimonio de los padres (aunque no pueden transferir las tierras que poseen), son copropietarias de la propiedad comunal, forman parte de las decisiones comunales y comienzan a ejercer cargos de autoridad campesina o indígena.

En contraposición a este panorama, sin embargo, las mujeres campesinas en las zonas de minifundio se están beneficiando con la tierra pero “la importancia de esas parcelas en términos de tamaño, valor y poder sobre la propiedad ha decaído sustancialmente hasta el punto de lo que hemos llamado la ‘herencia simbólica’”, y eso no implica empoderamiento, autonomía económica o mejores condiciones de vida, dice el estudio.

Estadísticas sobre las mujeres campesinasPara el caso de las mujeres indígenas del oriente de país, se cuenta con mayor disponibilidad de tierras. En este caso la producción o recolección demanda alta cantidad de mano de obra, y actividades como la agricultura y ganadería requieren también una alta inversión en capital. La situación hace que los hombres abandonen las tierras y comunidades buscando trabajo, y las mujeres permanecen haciéndose cargo de las labores productivas, roles reproductivos y tareas comunitarias.

“Las mujeres campesinas e indígenas han ganado presencia y participación en los ámbitos habitualmente controlados por los hombres y considerados espacios y privilegios masculinos”, afirma una de las conclusiones del estudio. Sin embargo ante las necesidades para responder a niveles mínimos de subsistencia, los hogares campesinos e indígenas se desdoblan en distintos espacios territoriales y económicos que a su vez refuerza la reasignación de roles a hombres y mujeres afianzando un modo de vida rural y familiar con base en la agricultura feminizada.

“Una situación deseable hubiese sido el evidenciar procesos de reducción de brechas de género con crecimiento económico pero, en lugar de ello, más bien hemos encontrado lo que podría considerarse como un escenario de ‘igualación hacia abajo’”, dicen los investigadores entre sus conclusiones. Aunque los estudiosos aclaran que la situación económica de los campesinos e indígenas no es peor que en el pasado, afirman a la vez que los beneficios que genera la tenencia y usufructo de la tierra son marginales.
El estudio comienza con un análisis de la estructura del acceso y control de la tierra, posteriormente sigue con el desarrollo de estudios de caso, analiza la exclusión estructural de la pequeña agricultura comunitaria y hace un balance de sus interpretaciones.// PIEB (BO)

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