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Las empresas peruanas pierden más de 6.000  millones de dólares al año, debido a la violencia contra la mujer en ese país, según un estudio realizado por la Cooperación Técnica Alemana (GIZ) y la Universidad San Martín de Porres de Perú.

"El costo social es lo más grave, la salud mental y física de los trabajadores y trabajadoras”, comenta Arístides Vera-Horna, profesional de esa casa de estudios que llevó adelante las investigaciones.

Según la estimación de este estudio, denominado "Los costos empresariales de la violencia contra las mujeres en Perú”, la cifra se equipara al 4% del Producto Interno Bruto de ese país.

"Necesitamos cifras propias de Bolivia, necesitamos que el empresariado se comprometa y veamos qué es lo que está pasando para tomar acciones de prevención contra la violencia”, destaca Vera-Horna.

Estadísticas de la violencia contra la mujerCuatro fueron los ejes o consecuencias visibles en las cuales se basó este estudio, desarrollado en 2012, con 5.366 mujeres peruanas. El ausentismo, el "presentismo”, la rotación de personal y el costo organizacional dieron las pautas sobre los índices de violencia contra la mujer en las empresas de aquel país.

Como ausentismo, el informe destaca las tardanzas y faltas injustificadas. El rendimiento disminuido y una baja productividad son indicadores del presentismo. Mientras que la rotación de personal se da más en casos donde las mujeres son despedidas como consecuencia de la violencia. Todos estos factores confluyen en los costos empresariales, que en el estudio se reflejan más en cifras.

Según la directora del Programa Regional Contra la Violencia hacia la mujer (ComVoMujer/GIZ), Christine Brendel, la situación es bastante delicada porque los costos, no sólo económicos, son bastantes altos.

"Hay que hablar también de los costos en la Policía, de la justicia, de los niños y niñas que son testigos de la violencia y tienen un rendimiento bajo en el colegio”, arguye Brendel.

Brendel hace énfasis en que también hay costos individuales, emocionales, morales y éticos que son incalculables. Todo ello se suma, explica, al evidente costo empresarial que se traduce en lo económico, "pero ello no lo es todo”.

Los despidos por faltas injustificadas y los días perdidos por presentismo, a causa de la violencia, son las consecuencias que más pérdidas representaron para los empresarios peruanos. Además, el estudio señala que las amenazas y agresiones verbales son los factores que más prevalecen a lo largo de la vida de las mujeres víctimas de violencia.

Los golpes, cachetadas y patadas ocupan el segundo lugar de las agresiones más frecuentes hacia las mujeres a lo largo de su vida, con su actual pareja o su ex pareja, en caso de tener alguna relación. "Casi un cuarto de los trabajadores también señalaron que habían ejercido violencia contra sus parejas”, añade la publicación.

Para Irma Campos, coordinadora en Bolivia del ComVoMujer/GIZ, es necesario "abrir los ojos” ante un gran problema social. "La problemática no sólo es responsabilidad de las entidades llamadas por ley, sino también del ámbito empresarial”, comenta Campos.

Vera-Horna comenta que entre los resultados también se detectó que las personas que ejercen violencia o la sufren, por los costos que implican curaciones por ejemplo, terminan por ganar 11 sueldos de 12 que les corresponden al año. Según las recomendaciones de este estudio, una política empresarial activa contra la violencia hacia las mujeres genera muchas ventajas, no sólo en el ámbito empresarial, sino social. "Sin considerar la obligación moral de una empresa socialmente responsable, los incentivos monetarios deberían ser suficiente argumento para que las empresas implementen esa política con urgencia”, finaliza el informe.

Punto de vista - Helen álvarez - Periodista

  "El estudio tiene un enfoque capitalista”

Si bien es cierto que la violencia nos afecta física y emocionalmente, y es un freno para continuar con nuestras actividades cotidianas, este tipo de estudios me parecen peligrosos para el avance que hemos tenido las mujeres en el mercado laboral.

Por un lado, su enfoque es eminentemente capitalista, de manera que las personas no son más que mano de obra al servicio de la empresa; entonces, el criterio es contratar a quienes garanticen la productividad.

Por otro lado, este estudio no contempla los tipos de violencia que las mujeres enfrentamos dentro de los espacios laborales, sean públicos o privados, desde las diferencias salariales en relación con los varones hasta el acoso sexual y laboral.

Pero además plantear resolver la situación de la violencia contra las mujeres a partir del criterio capitalista de maximizar la ganancia en lugar de hacerlo por un sentido de justicia es, en mi criterio, doble moral y una manifestación más del lugar que ocupamos en la sociedad patriarcal.// Página Siete (BO)

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