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“El crimen no ocurre en todas partes ni a toda hora... una fracción desproporcionada del delito ocurre en un número reducido de cuadras, esquinas y callejones”, dice un informe sobre seguridad ciudadana financiado por la Corporación Andina de Fomento (CAF). Esta situación podría ser modificada con políticas públicas multidimensionales y no solo policiales.

Al parecer existe una marcada concentración de crímenes o “puntos calientes” en las ciudades, lo que implica que existen espacios o territorios donde la recurrencia de delitos es alta, según el documento “Por una América Latina más segura – Una nueva perspectiva para prevenir y controlar el delito”, financiado por la CAF, que elabora un panorama acerca de la percepción sobre la seguridad ciudadana en América Latina.

En una muestra de cinco ciudades de la región se puede advertir que la mitad de homicidios ocurre en el 1,59% de cuadras y la otra mitad en el 7% aproximadamente de las cuadras. El otro dato muestra que es improbable que un “punto caliente” este año se convierta en espacio libre de crimen al año siguiente, y viceversa.

A estos datos se suma otra evidencia, tomada de una encuesta de la CAF hecha en 2013, donde se advierte que en Buenos Aires, La Paz, Santa Cruz, Río de Janeiro, Lima y Caracas más del 60% de los encuestados señalan la presencia de calles mal iluminadas en el entorno de sus residencias. “Asimismo, alrededor del 46% de los encuestados observa consumo de alcohol en el área pública de su barrio ‘casi siempre’ y alrededor del 30% de los encuestados suele estar en desacuerdo con afirmaciones como ‘la gente de por aquí está dispuesta a ayudar a sus vecinos’”.

Delitos en BoliviaSi se analiza el factor tiempo también se obtienen datos interesantes. Los homicidios se concentran los fines de semana y durante la madrugada, mientras que los robos y hurtos a personas ocurren los días laborables y en determinadas horas.

La información recogida permite volver al análisis teórico del problema, desde la teoría del crimen por oportunidad y el enfoque de desorganización social. Esto implica que cada “celda espacio-tiempo” tiene una configuración particular que puede determinar su inclinación al crimen; esto implica que “un espacio puede ser particularmente peligroso por sus características topográficas, por la poca presencia policial, o porque carece de iluminación apropiada”; la acumulación de basura, la falta de iluminación o la presencia de terrenos baldíos puede predisponer tanto a la inseguridad del ciudadano como a la atención del agresor; mientras que la actividad comercial o el flujo de transeúntes en una determinada esquina también pueden atraer personas dedicadas al crimen.

Nuevamente la encuesta de la CAF señala que en Buenos Aires, La Paz, Santa Cruz, Río de Janeiro, Lima y Caracas más del 60% de encuestados destacan la existencia de calles mal iluminadas en sus barrios o entornos de sus viviendas; alrededor del 46% observa consumo de alcohol en el área pública de su barrio “casi siempre” y cerca del 30% de los encuestados está en desacuerdo con la afirmación “la gente de por aquí está dispuesta a ayudar a sus vecinos”.

La información recogida sugiere que es necesario pensar en una intervención integral, no sólo policial, que incluya modificaciones del espacio físico como iluminación, mejoras de espacios, rehabilitación de áreas abandonadas, creación de barreras de circulación vehicular, generación de lazos vecinales, controles electrónicos (como un circuito cerrado de televisión), etcétera.

El documento es mucho más amplio e incluye información sobre seguridad ciudadana y bienestar, la actividad delictiva, el espacio geográfico del delito, el narcotráfico y la violencia, el sistema de justicia criminal, y la capacidad y legitimidad del Estado para proveer de seguridad ciudadana.// PIEB (BO)

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