La actual Achocalla es un espacio donde existen 42 sitios arqueológicos, y entre ellos uno específico (ACH10) de tres hectáreas donde pequeñas excavaciones han demostrado que hubo presencia de asentamientos Tiwanaku entre los años 400 y 800 d.C. El arqueólogo José Luis Paz Soria alerta que actualmente la zona está en pleno proceso de urbanización, y en riesgo toda esta riqueza histórica.

Hasta ahora los hallazgos han permitido aproximaciones a la naturaleza del sitio, pero se necesitan más estudios para saber si pudo haber existido un centro administrativo regional, un templete, áreas de elite, etc. El también responsable del Laboratorio de Lítica de la Carrera de Arqueología de la UMSA explica que las pequeñas excavaciones sólo han mostrado asentamientos domésticos, pero todo está por ser estudiado y descubierto.

“En un sitio de aproximadamente tres hectáreas, sólo hemos hecho dos pozos de 2 por 2 (metros) y uno de 1 por 1. Está explorado menos del 1%. En ese espacio reducido tenemos más de 14 mil tiestos, vasijas, de las que hemos logrado restaurar 13, estructuras de fogones, etcétera. El sitio es denso, complejo y grande, hay mucha complejidad estratigráfica, arquitectónica y estructural”, dice el arqueólogo Paz, antes que explicar que la zona estaba en pleno proceso de urbanización en el año 2000, cuando se hicieron las excavaciones, y a estas alturas esa ocupación ha avanzado mucho más.

Los datos tomados del Proyecto Arqueológico Achocalla son más precisos: 16.448 tiestos recuperados, 4.554 analizados. “Los habitantes de ACH-10 –dice un resumen del proyecto–eran gente de procedencia altiplánica que replicaban el mismo patrón organizativo de los asentamientos Tiwanaku y fabricaban gran parte de sus instrumentos bajo ciertos cánones que se asocian con este Estado prehispánico. Esta migración fue dirigida y/o acompañada por personas de elite que portaban elementos traídos desde la capital para ser utilizados en ceremonias donde se reproducía la ideología del Estado Tiwanaku. Las variantes en cerámica, lítica y huesos trabajados son atribuidas a procesos de renovación dentro de marcos estatales muy flexibles que varían de región a región”.

Achocalla, La Paz¿Se puede preservar este sitio? Paz Soria explica que “el mayor temor de las autoridades siempre fue la expropiación” del terreno, y aunque existen mecanismos alternativos, como declarar el sitio como área de equipamiento, estas medidas requieren una voluntad política que no hubo entonces. “Hemos ido a visitar el sitio el año pasado –continúa--, y ya han construido varias edificaciones; han hecho un corte carretero, hay bastantes materiales aflorando. Entonces el sitio está siendo destruido cada vez más y cada año que pasa es más difícil investigar ahí”.

La cultura Tiwanaku ha instalado colonias en varios valles andinos, incluidos los territorios actuales de Argentina y Perú, con características distintas entre ellas. ACH10 es una colonia Tiwanaku, pero aún no se sabe cuál era el interés para establecer una población en esta zona, ¿buscaban un producto específico (como en Moquegua el maíz)?, ¿era un punto clave para el intercambio?, ¿qué recurso les interesaba? Además Paz Soria explica que desde otro punto de vista, el étnico e identitario, conocer esta riqueza arqueológica permitiría reafirmar esa pertenencia étnica de los bolivianos en el territorio, a través de proyectos museísticos o de exposición a la población.

ACH10 era una colonia implantada por el Estado Tiwanaku, y sus habitantes se dedicaban al cultivo de distintos productos agrícolas, al consumo de camélidos domesticados, a la caza de especies silvestres y al aprovechamiento de su entorno inmediato (rocas, agua, etc.), pero también participaban en los circuitos altiplánicos para acceder a materias primas (cuarzo traslucido, obsidiana, etc.) y otros recursos (arcillas comestibles).

Según el estudio, Tiwanaku instaló varias colonias en ambas vertientes de los Andes con una eminente intencionalidad económica y obvios trasfondos político-ideológicos, pero la relación con otras sociedades de diferente condición étnica y/o cultural dependía de la coyuntura sociopolítica y de la potencialidad económica de cada sitio, zona y región. “Esta ambivalente política de expansión es la causante de que la presencia Tiwanaku difiera en temporalidad, magnitud e intensidad en cada sitio Centro Sur Andino”.

El Proyecto Arqueológico Achocalla fue ejecutado por José Luis Paz, junto a Raúl García, Julieta Vargas, Nestor Jiménez, Osvaldo Cáceres, Ruth Fontenla, Olga Quispe, Claudia Sejas, Marcelo Ticona, Delfor Ulloa, Vianey Villegas.// PIEB (BO)

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