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Si cerca de 36 millones de personas viven sometidas a esclavitud en el mundo, en Bolivia esta situación no es ajena pues se estima que hay unas 23.300 personas sometidas a la trata, el trabajo forzado, la servidumbre por deudas, el matrimonio forzado y/o la explotación sexual comercial, lo que ubica al país en el puesto 116 de un total de 167 en los que están presentes estas formas de explotación.

Los datos provienen del Índice Mundial de Esclavitud 2014, elaborado por la Fundación Walk Free (Australia), y divulgados ayer a nivel global. A nivel de acciones gubernamentales para atender el problema, Bolivia tiene una calificación deficiente: “El gobierno tiene una respuesta limitada a la esclavitud moderna, en gran parte con servicios básicos de ayuda a las víctimas, el marco de la justicia penal limitada, escasa coordinación o mecanismo de colaboración, y pocas protecciones para las personas vulnerables a la esclavitud moderna. Puede haber evidencias de que algunas de las políticas y prácticas del gobierno de faciliten la esclavitud. Los servicios son en gran parte suministrados por organizaciones no gubernamentales”.

El estudio considera como las actividades más importantes de condiciones similares a la esclavitud la zafra de la castaña, el peonaje en la ganadería y la zafra de la caña de azúcar, situaciones en las que se sabe existe el peonaje por deudas o habilito que consiste en endeudar al trabajador (adulto o menor de edad) entregándole un anticipo de un sueldo acordado para posteriormente, en la zafra, cobrar una deuda en la que el trabajador no tiene control en ningún momento. Este proceso lleva al trabajador, y a su familia, a estar sometidos a trabajar por el pago de una deuda que se prolonga a voluntad del contratista, lo que también implica perder la libertad de buscar otro empleo o abandonar la zafra.

El Índice Mundial de Esclavitud 2014 plantea que la “esclavitud moderna” adopta muchas formas, pero en todos los casos implica que una persona priva a otra de su libertad: “la libertad de dejar un trabajo por otro, su libertad para salir del propio lugar de trabajo, su libertad para controlar su propio cuerpo”. El estudio considera que la “esclavitud moderna” contribuye a la producción de al menos 122 productos en el mundo, y la Organización Internacional del Trabajo ha estimado ganancias ilícitas del trabajo forzoso en 150 millones de dólares al año.

Esclavismo en Bolivia“Desde el pescador tailandés para la harina de pescado, a los niños congoleños en la explotación minera de diamantes, de la niña uzbeko recogiendo algodón, a la niña india que costura de balones de fútbol, de las mujeres que cosen vestidos, a los recolectores de la vaina de cacao, su trabajo forzado es lo que consumimos. La esclavitud moderna es un gran negocio”, dice el estudio que propone la necesidad de empezar por un reconocimiento del problema hasta medidas que no pasan por la filantropía sino por la responsabilidad.

A nivel de la región la situación es similar, en Argentina se cuentan 77.300 personas bajo formas de “esclavitud moderna”, pero es la quinta entre los países de América Latina que tienen más víctimas registradas como en México con 266.900 personas, Haití con 237.700, Brasil con 155.000 y Colombia con 105.400.

Si bien Bolivia tiene una prevalencia baja (0.218 por ciento respecto de la población total), es importante anotar que en países vecinos como Brasil y Argentina los talleres textiles suelen emplear personas bolivianas a quienes retienen sus documentos y someten a largas jornadas laborales con escaso pago.

El estudio siguió una metodología para detectar cómo están respondiendo 167 países al problema de la “esclavitud moderna”. Para ello vieron los siguientes temas: si los sobrevivientes están identificados, recibieron apoyo para salir de esa explotación; si la justicia penal tiene mecanismos frente a este tema; si la coordinación y la administración de mecanismos son adecuados; si las instituciones y sistemas sociales están direccionados a identificar el problema; y si las empresas y sus gobiernos, a través de sus contrataciones públicas, evitan abastecerse y utilizar servicios generados por la “esclavitud moderna”.// PIEB (BO)

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