11 ago. 2015

Hace pocos días, se ha difundido el Índice de Competitividad Global 2014-2015 del Foro Económico Mundial, según el cual Bolivia se encuentra en el antepenúltimo lugar en competitividad en América Latina, sólo por delante de Paraguay y Venezuela.

De acuerdo con los datos del estudio que evalúa año tras año a 144 países, Bolivia ocupa el puesto 105, muy distante de Chile, ubicado en el primer lugar en Latinoamérica, y muy cercano de Venezuela (131), en el último peldaño de la región.

Entre los indicadores que toma en cuenta el informe, para ver la situación de cada país, destacan tres grupos: requisitos básicos, potenciadores de eficiencia y factores de innovación y sofisticación.
Competitividad de BoliviaA pesar de los resultados en general negativos, el reporte identifica ventajas competitivas en Bolivia en el manejo del balance fiscal, tasa de ahorro, baja deuda del Gobierno, acceso al crédito y retención del talento del país; pero observa como desventajas la realización de pagos irregulares, la presencia del crimen organizado y su costo, la infraestructura aeroportuaria, tasas impositivas, dificultades para iniciar un negocio y suplidores locales.

Los datos, con muy ligeras diferencias de matiz, coinciden en lo fundamental con otros estudios similares y confirman una tendencia hacia un continuo deterioro de las condiciones con las que nuestro país compite con otros de la región y del mundo.

Lo que más alarma en el caso boliviano es que la tendencia se mantiene negativa. Es decir, con cada año que pasa la distancia que nos separa de los países más competitivos de la región se incrementa, y también se agravan las causas a las que se atribuye esa situación. En general, Bolivia experimentó un retroceso en sus índices de competitividad. Bajó siete puestos respecto a la gestión 2014, año en que se ubicó en el lugar 98.

A ese resultado se llega, según los informes que comentamos, porque factores como la inestabilidad política, el bajo acceso al financiamiento, la corrupción, la burocracia gubernamental ineficiente y las regulaciones laborales restrictivas, identificados como los principales obstáculos hacia un incremento de la capacidad competitiva de la industria nacional, no sólo que se mantienen constantes, sino que se agudizan.

En circunstancias normales, datos como los señalados tendrían que provocar una honda preocupación. Lamentablemente eso no ocurre porque la debilidad del sector manufacturero nacional pasa desapercibida gracias a la enorme fortaleza del sector extractivo de materias primas, principalmente minerales e hidrocarburos, lo que contribuye a quitar relevancia al empobrecimiento de nuestro sector manufacturero. Sin embargo, como no se cansan de advertir economistas desde los más diversos puntos del espectro político e ideológico, actuar de esa manera implica un grave riesgo para el futuro, pues, como nos enseña nuestra propia historia, no hay nada más incierto que un bienestar basado en los recursos no renovables. Es de esperar, por eso, que estudios como el que comentamos reciban la atención que merecen.


Según el informe del Foro Económico Mundial, que coincide con otros similares, la industria boliviana es cada vez menos competitiva, lo que agrava la dependencia de materias primas// Correo del Sur.com
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