25 sept. 2015

A tono con las tendencias globales, la familia tipo en Santa Cruz (padres profesionales con, al menos, dos hijos) tiene cada vez menos tiempo para verse la cara y, de paso, enfrenta los desafíos de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Para nadie ya es extraño ver a niños, jóvenes y adultos con la mirada puesta en la pantalla del celular inteligente. En el desayuno, de camino al trabajo o el colegio, en el almuerzo y hasta caminando por las calles, la gente va mirando los mensajes recibidos y hasta se anima a escribir en el WhatsApp mientras realiza otras actividades.

La encuesta de Captura Consulting señala que el 54,8% de los consultados en Santa Cruz utiliza el celular inteligente para realizar llamadas, el 37,7% para enviar utilizar su WhatsApp y el 4,6% para navegar en el Facebook y otras redes sociales.
Santa Cruz y la tecnologíaEl 61,9% de los cibernautas en nuestra región tiene entre 18 y 25 años y consulta la web siete días a la semana (41,1%). Entre los que los hacen toda la semana, un 45,1% son varones y un 37,6% son mujeres. Una amplia mayoría (69%) considera que la tecnología facilita sus vidas y la relación con sus familias.

EL DEBER habló con el experto en comunicación social Juan Manuel Ijurko y con la investigadora Fabiola Gutiérrez, para analizar los datos. “La presencia de los teléfonos inteligentes ha implicado un cambio sustancial en el comportamiento de las personas. La comunicación que ayuda a acercarse a unos y, lastimosamente, alejarse de otros. Falta, eso sí, hacer un uso inteligente de los teléfonos, dominar la tecnología para ganar calidad de vida”, indicó Ijurko.

El primer valor es positivo. “En áreas como el trabajo, la diversión y el entretenimiento, los celulares inteligentes aportan grandes ventajas. También regala una posibilidad real de encuentro con aquellas personas que no están cerca”, señala.

Además, “el teléfono inteligente resulta cómodo, eficaz y útil a todo nivel. La inclusión como parte de un bien de consumo necesario ha sido rápida precisamente por ese beneficio inmediato que propone”.

Sin embargo, como toda tecnología, los problemas surgen en el uso y abuso que se hace de la misma.
“Es significativa la relación de dependencia que ha generado el teléfono. En muchos jóvenes se ha convertido en una especie de esclavitud tecnológica, pues sin teléfono se sienten perdidos. El reto de la sociedad actual se centra en saber discernir la funcionalidad del teléfono inteligente y el uso adecuado que debemos darle, descubrir la vida en relación, en contacto con las personas, la naturaleza. Retomar el valor del contacto físico”, indica Ijurko.
La investigadora social, Fabiola Gutiérrez, Gutiérrez remarca que “internet es un espacio donde los jóvenes toman distancia de los adultos y se diferencian de ellos para construir allí su identidad y satisfacer sus necesidades psicosociales. Entonces, lejos de necesitar coerción o prohibiciones sobre el uso, el desafío está en ejercitar con ellos el uso de estos espacios para la participación, libertad, ocio creativo, identidad, entre otros”.

Además, remarca la necesidad de “prevenir la violencia digital mediante los ajustes de privacidad, sería una medida concreta y algunos actores están actuando en ese sentido. Sin embargo, se necesitan medidas estructurales, políticas públicas que toquen no solo el acceso a las TIC, sino también su uso en los distintos ámbitos como educación, participación, salud. Ese es un desafío aún en nuestra sociedad”.

¿Y la familia?
Respecto de las relaciones familiares, Ijurko destaca que “el diálogo familiar es la base de la construcción social. La familia tiene que mostrar los límites de la tecnología y normar el uso debido. El primer error de muchos padres se ha basado en apelar a la restricción en el uso de la tecnología como castigo. Es decir, le han dado una importancia primordial y el niño ha percibido ahí su valor”.


Por ello, “la familia es el primer espacio de interacción con el otro y la puerta para el contacto social. Los retos de la familia moderna se centran en garantizar la sociabilidad entre familias, mostrar a los niños que el encuentro con otros es enriquecedor. Y, en este marco de encuentro, potenciar los valores de convivencia fundamentales: el compartir, el colaborar y el ayudarse. En ninguno de esos valores, la tecnología puede sustituir al ser humano. Sin encuentro, la familia se encierra en el teléfono, el televisor o la computadora”// El Deber.com.bo
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