15 oct. 2015

La demanda de carne de lagarto ha crecido dentro y fuera del país, pero las poblaciones indígenas que proveen ese producto no pueden responder a esos requerimientos, según una investigación del Centro de Investigaciones en Recursos Acuáticos del Beni. La carne de lagarto no se aprovecha ni en un 2% con relación al potencial de cosecha de 41.675 lagartos como promedio anual autorizado.

La investigación “Aprovechamiento de carne de lagarto (Caiman yacare) en el departamento del Beni”, del Centro de Investigaciones en Recursos Acuáticos de la Universidad Autónoma del Beni “José Ballivián”, dirigida por el veterinario zootecnista Vladimir García Kirigin, realizó un seguimiento a este proceso entre 2009 y 2013.

La investigación se realizó sobre los planes de manejo del lagarto del municipio de Loreto, la comunidad Bella Vista, el Territorio Indígena Mojeño Ignaciano (TIMI) y el Territorio Indígena Multiétnico I (TIM-I) del Beni, con el propósito de determinar los volúmenes de aprovechamiento de carne y diagnosticar el sector.
Carne de lagarto en BoliviaVladimir García explica que por ejemplo, en el año 2011, la Dirección General de Biodiversidad, recogió una demanda de empresas e instituciones del eje troncal de 18 mil kilos por mes de carne de lagarto. En los hechos en Loreto, Bella Vista, el TIMI y el TIM-I se llegaba a acumular los 6.000 kilos anuales. El problema está en que en la región no existen criaderos, la caza es la forma de obtener los animales y se carece de tecnología (cadena de frío) y energía eléctrica para garantizar la salubridad de la carne.

Si bien en el mercado son apreciadas las pieles, existe una demanda importante de carne, y esto puede generar cacería ilegal en algunas zonas cercanas a los centros urbanos y ciudades.

“En el municipio de Loreto fue donde se ha logrado el mayor aprovechamiento y comercialización de la carne de lagarto, alcanzando 17.396,82 kilogramos de carne y Bs. 163.692,70, generando así importantes beneficios desde el 2009 al 2013. Sin embargo el aprovechamiento de la carne de lagarto no llega ni al 2% con relación al potencial de cosecha de 41.675 lagartos como promedio anual autorizado para la cosecha por la autoridad competente”, dice un resumen del estudio.

Los datos de la investigación muestran que en el año 2009 se autorizó la cacería de 45.781 lagartos, pero de esa cantidad sólo se pudo destinar para al aprovechamiento de la carne un 0,88%; en 2010 se autorizó la caza de 41.578 y se aprovechó un 0,51% de la carne; en 2011 el aprovechamiento fue del 1,96%; en 2012 se aprovechó el 1,6% y en 2013 la carne sólo se aprovechó en un 0,7%. El estudio no contempló datos del comercio ilegal.

El aprovechamiento de lagarto en Bolivia apareció en 1995 de manera piloto, y en 1997 se reglamentó e inició el Programa Nacional de Conservación y Aprovechamiento Sostenible del Lagarto. “El aprovechamiento de lagarto en tierras bajas se realiza hace muchos años con fines de comercializar la piel, el cuero, tradicionalmente las comunidades indígenas no consumen la carne del lagarto”, dice García.

“Se ha demostrado que sí se puede hacer un aprovechamiento sostenible, se determinan cupos y cuotas en base a escalas a nivel biológico, en función a los tamaños de lagartos; se determina aprovechar solo un porcentaje de los machos adultos, el reemplazo de machos viejos con machos jóvenes. Es una forma de mantener sostenibilidad y apoyar la conservación”, dice García, antes de explicar que este proceso además implica que las comunidades locales obtengan ingresos económicos sobre la base de este recurso.

La exportación de carne de lagarto es difícil porque las normas internacionales garantizan la calidad e inocuidad de la carne a través de un tratamiento tecnológico que aún es inaccesible para las comunidades. García explica: “Tenemos tiempos cortos desde el momento de abatimiento del animal, desde que se caza, tenemos 6 horas máximo hasta que entre en una cadena de frío. Pero las zonas de cacería están alejadas de poblaciones importantes, no hay energía (eléctrica) para contar con una cadena de frío adecuada”.


La Universidad “José Ballivián”, a través del Centro de Investigaciones en Recursos Acuáticos, continúa trabajando con la Central de Pueblos indígenas del Beni en la actualización de sus planes de manejo de lagarto, tratando de establecer un sistema que permita garantizar la sostenibilidad para no poner en peligro las poblaciones de esta especie.// PIEB.com.bo
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