6 mar. 2016

"Yo sólo obedecí órdenes de la CAMC, porque era una de sus ejecutivas... Yo no firmaba contratos”,  dice  en  la cárcel de Obrajes  Gabriela Zapata, la expareja del presidente Evo Morales, con quien  tuvo un hijo  cuya existencia está en duda. Zapata está detenida en el  Centro de Orientación Femenina  (COF) desde hace una semana, acusada por la Fiscalía de enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y legitimación de ganancias ilícitas.

"¿Cómo sólo yo, Cristina Choque y un chofer pudimos hacer todo de lo que nos acusan? Yo no firmaba contratos, no instruía qué contratos se debían firmar”, añade la mujer. Su rostro no exterioriza ninguna expresión. Habla tranquila y pausadamente, moviendo de rato en rato sus delicadas y bien cuidadas manos.

"No puedo decir nada que no me autorice mi abogado”, añade inmediatamente. "Si quieren saber algo más hablen con él”, agrega en un tono  de voz suave.

Son las 10:30, aproximadamente, en el COF, ubicado en la zona Sur. El sol  inunda el patio principal, un pequeño jardín donde, al medio, destaca la imagen de la Virgen María. La principal construcción del lugar es muestra de que en algún tiempo se trató de una casona  de campo, de ésas que se construían en Obrajes en el siglo pasado.
Actualidad en BoliviaEn el medio del jardincito hay un par de bancas de madera. Gabriela Zapata está sentada en una, escuchando a una mujer. Es imposible no verla en el penal. Su cabellera rubia platinada, sujetada en un moño perfecto, llama la atención inmediatamente. 

Se la ve atenta a lo que le dice su interlocutora que está a su lado. Tiene la mirada clavada en el piso, pero de rato en rato asiente con la cabeza, en señal de que entiende o está de acuerdo con lo que le dice. Se trata de la asistente de uno de sus abogados.

A esa hora,  el sol regala una agradable temperatura. La expareja de Evo  viste un cómodo y coqueto deportivo de pantalón  negro y chamarra fucsia. Un sutil  perfume la envuelve. Su maquillaje es discreto.

En el COF la mañana transcurre con normalidad. Las mujeres recluidas están concentradas en sus tareas: algunas lavan ropa en una pileta que está al lado derecho del jardín; otras llevan y traen platos de comida a las mesas que están instaladas al lado izquierdo.

"No sé qué más quieren saber. Los medios han  hecho un escarnio público conmigo. ¿Qué más quieren saber?, ya estoy aquí, presa”, dice Zapata sin mostrar ninguna molestia cuando Página Siete le pide una entrevista.

"Ya no escriban más de mí, porque pueden terminar perjudicándome”, añade la mujer de aspecto frágil, pero de rasgos faciales fuertes, que provocó la mayor crisis de imagen del presidente Evo Morales cuando se supo -según denuncias del periodista Carlos Valverde y del propio Gobierno- que mediaba con las empresas que querían firmar contratos con el Estado.

"Yo no he provocado este escándalo, fueron otros, dentro del Gobierno”, afirma. ¿Quiénes?, se le pregunta "Eso tienen que investigarlo  ustedes”, responde. 

Cuándo se indaga sobre sus hijos, los ojos se le humedecen pero no permite que las lágrimas exploten. "¿Es usted madre? Si lo es, sabe lo que estoy sintiendo en este momento. Hace más de una semana que  no veo a mis hijos. A mi niña de cinco años mis familiares le dijeron que estoy en un campamento, ¡imagínese!”, dice Gabriela y repasa con su mirada lo que transcurre a su alrededor en la cárcel de Obrajes.

¿Dicen que usted, por donde iba, mostraba el certificado de nacimiento del hijo de Evo Morales? "Eso es  mentira, yo no hacía eso. Todo esto es obra de gente con miseria humana”, afirma con firmeza.

"No se imagina lo que es perder la libertad”, añade Gabriela Zapata y los ojos se le vuelven a llenar de lágrimas.

"Pero voy a aprovechar este tiempo para pensar bien cómo me voy a defender y cómo voy a demostrar la verdad.

Ustedes, los periodistas, van a ser los primeros en enterarse de toda la verdad”, añade. Guarda silencio unos segundos y repite, mirando al vacío: "Esto es obra de gente con miseria humana”.

De pronto se pone de pie intempestivamente y deja la banca donde estaba sentada. Alcanza a una mujer que acaba de ingresar a la cárcel. "¡Mamita!”, le dice la mujer. "¡Tía!”, le responde ella y se abrazan  unos segundos. 


Cuando se separan las mujeres se apartan del jardincito y conversan apenas por unos ocho minutos. Son las 11:30, la hora de visita terminó en la cárcel de  mujeres de Obrajes.// Página Siete
Gracias por tu visita, te invitamos a compartir el contenido en la red social de tu preferencia

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Estimado visitante:
Se aceptan todos los comentarios, siempre y cuando están dentro del marco del respeto y no sean SPAM. (Gracias por tu visita / comentario)

 
Top