27 jun. 2016

UNO DE LOS MAYORES ACTOS DE AMOR QUE PUEDE TENER Y RECIBIR UN SER HUMANO, SE VE ENSOMBRECIDO POR LA BUROCRACIA Y LOS ESTIGMAS QUE JUEGAN EN CONTRA DE LA FAMILIA.

Hay casi 9.000 niños y niñas en Bolivia esperando en alguno de los 196 centros de acogida que tiene el país. Se dividen entre bebés recién nacidos y jóvenes hasta los 18 años. De ellas y ellos, más de la mitad no está en situación legal de ser adoptados. Les falta uno u otro papel que, en conjunto, les impiden gozar de su derecho a una familia. Uno de los derechos más fundamentales que tiene el ser humano.

En el hogar Asociación Creamos, ubicado en la localidad de Sacaba en Cochabamba, hay algo que llama la atención particularmente. Aunque hoy en día la mayoría de los niños y niñas están educados a no hablar con los extraños, acá los pequeños se acercan a los visitantes y los saludan, les sonríen y hasta les dan la mano. Parecen pollitos que van detrás del recién llegado, felices por una visita.  Es imposible salir de este lugar sin que algo dentro de una cambie y un sentimiento de absoluta tristeza invada. Y no porque el hogar no sea acogedor, al contrario: la directora y las profesoras han inventado hasta un espacio para poner un resbalín en una casa con muchos toques de colores que desde ya es pequeña, pero cuya estrechez las profesoras reemplazan cantando mucho con los niños y niñas, dibujando, arropándolos y peleando la falta de espacio siendo muy, pero muy, ordenadas.

El día de la visita de OH! al centro, los chiquitos y chiquitas estaban entretenidos con la visita de los jóvenes de la promoción de un colegio cercano para quienes estaban bailando y mostrando sus dotes de deportistas, todo en un espacio un poco mayor al de un garaje, pero suficiente para que los niños y niñas puedan reírse a carcajadas, que buena falta les hace.

Nos reciben en la puerta del lugar Liliana Urizar, la trabajadora social, y María Teresa Losada, la directora. Las dos sonríen y nos hacen recorrer los ambientes mientras van contestando alegremente las preguntas de los pequeños y pequeñas que las rodean y que parecen un coro de pajaritos. Pero la voz de las mujeres cambia en cuanto cerramos la puerta y dejamos atrás al enjambre infantil. Tienen acogidos 19 niños que van desde apenas meses hasta los 6 años, que es cuando deben pasar a otro centro. El espacio máximo del centro es de 20 niños y niñas.

Adopciones en BoliviaLas dos están hartas de la burocracia contra la que deben luchar todos los días y se les nota. Cuentan que en Bolivia, una adopción que debería tardar un par de meses, llega a demorarse hasta años.

“Estamos hablando en promedio de seis meses sólo en lo que respecta a la homologación de la acogida del niño o la niña que es transitoria en la primera etapa. Una vez acreditados esos informes la defensoría solicita el inicio de la demanda de filiación, recién la juez se entera de todo el proceso y hasta que la juez se entere, pueden pasar entre otros seis meses y a veces hasta un año para que el proceso tome su curso. El personal en las defensorías y juzgados es otro problema porque se cambia constantemente, las instituciones públicas no cuentan con profesionales que conozcan del tema, y las demoras son absurdas: para recabar alguna documentación tenemos que estar toda la tarde, y recién ahora se está empezando a digitalizar la documentación, pero en general es casi toda manual. A veces nos dicen incluso que no tienen dinero para memoriales, publicaciones o fotocopias y son los mismos centros de acogida los que tienen que pagar cuando en realidad es un deber del Estado”, dice Liliana.

EL LARGO CAMINO AL AMOR

La Fundación Amici dei Bambini ha editado el Estudio sobre Niñas, Niños y Adolescentes en cuidado institucional, que es dónde emergen las cifras que deben alertar profundamente a la sociedad boliviana.

Ese enrevesado camino que los menores institucionalizados deben recorrer comienza cuando los niños llegan al centro derivados por la defensoría o por las brigadas de familia. Luego la defensoría debe coadyuvar a resolver la situación legal del niño, ir e informar de la acogida de este niño en el Juzgado de la Niñez. Debe haber un trabajo coordinado para que se sigan todos los plazos que permitan una acogida circunstancial para verificar si el niño o la niña puede retornar a la familia o no.

Luego de que esto se defina, si el menor va a regresar con su familia, se firma un convenio con los padres y se debe hacer el seguimiento. De acuerdo al Código de la Niña, Niño o Adolescente, tiene que primar siempre la reinserción familiar.

Si no se da la posibilidad de la reinserción, se hace un análisis con todo el caso y con la investigación previa realizada, la defensoría debe iniciar una demanda para la extinción de autoridad o filiación. Son tres las instancias que están implicadas en la adopción: El Tribunal de Justicia (juezas y jueces de niñez y adolescencia), SEDEGES (Servicios departamentales de políticas sociales que ahora se llaman ITDPS Instancia Técnica de Política Social) y defensorías.

Estas tres instancias deben hacer primero la definición legal de cada uno de los niños, niñas y adolescentes  que están en los centros de acogida para luego posibilitar la reintegración a su familia biológica o su integración a una familia adoptiva. Pero como no tienen una relación coordinada, profesional y responsable, no avanzan de forma regular en su cometido. Además, la gran parte de su planilla solo llega a los seis o con suerte a los nueve meses, para después ser cambiada.

El tema partidario y político también toca estas instancias. En los SEDEGES departamentales, durante la presente gestión del MAS, se han cambiado alrededor de 10 directores, y en las defensorías el personal es inestable pues su contratación también depende de cuestiones partidarias.

Todo ese panorama provoca el retraso de los trámites de la definición legal de los niños, niñas y adolescentes, pues sin definir su situación legal no pueden ser ni reintegrados a su familia biológica ni integrados a una familia adoptiva. A esto se suma que no hay presupuesto para los edictos (que sería como la búsqueda de los padres biológicos de los niños y niñas, a través de publicaciones que se deben hacer en un periódico de circulación nacional).

Para rematar, el personal que trabaja, generalmente no está capacitado en el tema, no es sensible a la niñez, no acepta la adopción y por lo tanto no realiza un trabajo efectivo.

Por si fuera poco, no existe en el país un registro profesional digitalizado o una base de datos de la niñez en situación de abandono que permita identificar cuál es la situación de cada niño, niña y adolescente. Esta base de datos, que urge, permitiría que no haya irregularidades.

Las parejas extranjeras, de acuerdo a la Ley 548, son la última opción para la adopción de un niño o niña boliviano y hay que destacar que solo existen convenios de adopción internacional con Italia y con España.

Las personas que quieren adoptar deben presentar una serie de requisitos, (ver recuadro), y aunque el Código NNA (Niño, Niña y Adolescente) no contempla a la familia como la necesidad de una pareja (hombre y mujer) como tal, si se la prioriza, lo cual, para muchos como Anitze Ayala, de la Fundación Amici dei Bambini (Amigo del Niño), no tiene sentido.

“El querer cumplir ciertas normas que ni siquiera están inscritas en las leyes, hace que las adopciones tomen más tiempo. Hay personas solas, por ejemplo, que tranquilamente pueden adoptar a un niño.”

Sin embargo, no todos pueden correr con los gastos que significa una adopción en Bolivia. Y en el caso de las parejas extranjeras, la situación es más complicada porque muchas llegan y tienen que esperar meses, dejando sus trabajos, pagando un alojamiento y encima ayudando a que los trámites se agilicen al mejor estilo boliviano (pagando coimas).

Y LOS QUE BUSCAN

Otro punto que debe desarrollarse en Bolivia, es una correcta cultura de la adopción que haga entender a los futuros padres que no es el niño o la niña el que llegará a sus vidas a darles amor, fortalecer el matrimonio o la relación (si es el caso), llenar un vacío que los adultos tienen, u “ocupar” un espacio que satisfaga la necesidad sentimental de los adultos, sino  al contrario, son los futuros padres los que deben  darle estabilidad, seguridad, confianza y amor al niño. “Pensar que la llegada de un niño nos va a cambiar la vida y cubrir los huecos que tenemos, ya sea porque no podemos ser madres o padres o porque nos sentimos solos, es absurdo. Un niño no puede ni debe tener semejante responsabilidad”, dice Liliana Urizar.

“Lo que falta es la sensibilización de las instancias públicas para esta problemática. Para nosotros ese es el desafío más grande, el enfrentar una negación enorme al derecho a la familia que tienen muchas autoridades para las cuales los niños y niñas son simplemente carpetas, y no se han encontrado con esos rostros que, desde que llegan al hogar, aunque tengan un día de nacidos, claman por una familia”, explica María Teresa Losada.

Estos pequeños y pequeñas de la Asociación Creamos, y de muchos hogares donde llegan los más chiquitos, todavía tienen la ingenuidad de que no importa cuánto crezcan, algún día tendrán una familia, pero los que ya son mayores, pierden paulatinamente la esperanza porque en Bolivia la cultura de la adopción aún no está lo suficientemente fortalecida para que este acto de amor no sea un tabú. Son pocas aquellas personas que llegan al hogar en busca de un niño o de una niña sin poner condiciones. Y entre la burocracia, la falta de recursos y de conocimiento de los funcionarios públicos y a veces hasta la desidia, pueden pasar años hasta que el sueño y el derecho que tiene cada niño y cada niña, de tener una familia, pueda hacerse realidad.

A Celia Jordan, de la Asociación Nacional De Padres Adoptivos, le cuesta encontrar un solo problema cuando le pregunto cuál es, según ella, el mayor obstáculo para adoptar.

“Cuando me pongo a pensar en cuál sería el mayor problema comienzo con uno y le sigue otro y otro; me resulta muchas veces frustrante pensar en cómo funciona el trámite de adopción nacional en nuestro país. Voy a nombrar algunos problemas que impiden una agilización del trámite de adopción: Descoordinación, sueldos bajos, falta de capacitación del personal e inestabilidad laboral de ese personal.

Al respecto fuimos al Juzgado de la Niñez y Adolescencia en La Paz, que reúne mucho de estos casos, para conversar con la jueza Jaqueline Rada, responsable de este despacho, pero la respuesta de su asistente fue: “No tiene tiempo”.

-¿Cuándo lo tendrá?

-“No sabría decirle, no tiene tiempo.”

De acuerdo a Liliana, María Teresa, Anitze y Celia, muchos de los y las profesionales que intervienen en el trámite de adopción no están convencidos de que la adopción sea una alternativa al abandono y que como familias adoptivas se pueda amar, cuidar y respetar a niños y niñas en situación de abandono. Por esa razón, hay una excesiva cuota de desinterés, poca voluntad y poca sensibilidad hacia la niñez y adolescencia en situación de abandono.

“Nosotros como Familias Adoptivas estamos hablando de Adopción desde el 2010, año que iniciamos el 1er Encuentro Nacional de Familias Adoptivas en Cochabamba, precisamente con la intención de iniciar una Cultura de la Adopción. Pero aún falta un largo camino por recorrer para que nuestra sociedad acepte plenamente la adopción como otra forma de tener familia. Existen ideas erróneas como que “el amor entra solamente por la sangre”, dice Celia.

“La sociedad en general no puede aceptar la idea de que las familias adoptivas podamos amar a nuestros hijos adoptivos aunque no tengamos la misma sangre, aunque no los hayamos tenido en nuestro vientre. La sociedad se cree incapaz de desarrollar esa capacidad de amar que todas las personas tenemos y para la que no necesitamos lazos sanguíneos. Eso lo podemos comprobar cuando entre las parejas nos tenemos un cariño inmenso y no tenemos la misma sangre. Por lo tanto hay que ir derrotando esos mitos y aprendiendo que somos una sociedad con diferentes clases de familia”.

Otro punto álgido, aunque poco recordado por las autoridades a cargo, es que la mayoría de aquellas y aquellos jóvenes que se crían en centros de acogida, son puestos en la calle a los 18 años sin ningún apoyo moral, psicológico o material. Y que muchos de estos jóvenes al estar pasando por la adolescencia y al no tener una familia que los apoye, se dedican al alcoholismo, a vivir en situación de calle, se convierten en padres y madres jóvenes y en muchos de los casos tienen hijos que llegan a vivir en los centros de acogida de donde ellos y ellas salieron. La historia se repite y se convierte en un círculo vicioso. Y mientras la burocracia y la falta de sensibilidad continúen imperando en Bolivia, seguirán siendo miles los niños y niñas que esperen, diluyendo sus esperanzas día a día, por el amor de una familia.

“YO HE ADOPTADO”*

“Desde que nos casamos, mi esposo y yo pensamos en tener una familia con tres o cuatro niños. Entonces primero tuvimos un hijo biológico al que llamamos Samuel. Ya antes de casarnos habíamos hablado de adoptar y teníamos amigos que tenían hijos adoptivos. Así que el año 1997 adoptamos a Andrés, quien ahora está a punto salir bachiller. Samuel, su hermano mayor, participó en la decisión de adoptar y estaba de acuerdo con tener un hermanito y dijo que lo cuidaría. El año 2001 hicimos la segunda adopción de nuestra hija Yara.

La sociedad tacha a las familias adoptivas y nos dicen que sólo queremos bebés. ¡Claro que sí! ¡Eso es natural! Porque de esa manera podemos disfrutar toda nuestra maternidad y paternidad desde el principio, para no perder ningún detalle de sus años de su vida. Pero también las familias adoptivas tenemos la apertura de amar a nuestros hijos de la edad que vengan.

Sabemos que la familia que esté preparada dirá la verdad no importando la edad de la niña o el niño.

Las familias adoptivas tenemos que aceptar a nuestros hijos con toda su historia, tenemos que respetar su identidad, tenemos que decirles que son nuestros hijos adoptivos y que aunque no han crecido en nuestra panza los queremos muchísimo.

Mi esposo y yo nos sentimos muy felices de ser una familia adoptiva. Sabemos que ser padre y madre es una gran responsabilidad e implica mucho amor, mucha paciencia y muchos desafíos. Creemos que el mejor lugar donde los niños y niñas deben estar es en una familia que les dé cariño, que los cuide, que les dé  afecto, respeto y protección.

Les hemos dicho a nuestros hijos que son adoptivos desde el primer momento que vinieron a nuestra casa. Poco a poco lo han ido comprendiendo y sienten un cariño inmenso por nosotros. Tienen nuestra promesa de que cuando sean mayores de edad podremos buscar a su familia biológica para que su vida quede completa. Los tres se llevan muy bien, se quieren y también pelean como todos los hermanos.// Los Tiempos

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