7 ago. 2016

Palabras que se solían utilizar, como camba y cunumi, que proceden de culturas originarias como la guaraní, tenían claramente un significado despectivo, aunque no lo tuvieron en sus orígenes. El término camba significaba ‘mozo’, ‘peón’, ‘gañán’ en la Santa Cruz del siglo XIX y hasta mediados del XX. Por su lado, hasta hace algunos años todavía se usaba la palabra cunumi como un insulto al muchacho malcriado o de malas costumbres.

Sin embargo, hoy adquieren nuevos significados. El primero denota la identidad regional cruceña, por lo tanto es sinónimo de orgullo. Esto es positivo.

El segundo se perfila, principalmente en las redes sociales, como el que es moderno de una manera incompleta, el que no se adapta a los cambios o exagera en la expresión de sus gustos y emociones; entonces, parece indicar que “todos tenemos algo de cunumis en el fondo” o podemos comportarnos como tales en algún momento.

Empero, esta nueva forma de significar la palabra cunumi no es bien vista por algunas personalidades.

Tal es el caso del director de lucha contra el racismo del Viceministerio de Descolonización, Leoncio Gutiérrez, para quien esta resignificación se trata del resurgimiento de posiciones regionales que incitan a la discriminación. “No va en consonancia con lo que el Gobierno asume de todas las culturas reconocidas por la Constitución Política del Estado. Marcar diferencias es incitar a las diferentes formas de discriminación”, afirma Gutiérrez.

Por su parte, el escritor guaraní Elías Caurey dice que esta resignificación tergiversa el idioma y que más bien se debería hacer un esfuerzo por comprender el significado original de la palabra, que nada tiene que ver con el menosprecio o la denigración. “Esto se da por lo que no se conoce, no sé si los que están promocionando estos nuevos significados serán guaraníes, si sabrán qué sentimos, cómo pensamos”, reflexiona Caurey.

El director del Instituto de Lengua y Cultura, Pedro Apala, afirma que la entidad está trabajando en la normalización y la homologación de las lenguas originarias, aunque todavía le falta mucho trabajo por hacer en la recuperación de los significados originarios de las palabras, y más aún en la socialización de su labor entre la población citadina. “No estamos interactuando con la gente, es bueno que los medios y la sociedad nos hagan conocer, como ustedes, en qué estamos fallando para mejorar nuestro trabajo”, reconoce.

Más allá de esta clase de posiciones, está claro que la discusión apenas está comenzando sobre este proceso, peligroso, sin duda, de resignificación que nos alejan de nuestras raíces culturales e históricas// El Deber

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