26 oct. 2016

Según datos compilados por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), los gobernantes autoritarios generan más confianza que los políticos en los países más democráticos en el mundo emergente.

Los líderes de Singapur, los Estados del Golfo y Ruanda obtienen las calificaciones más altas con respecto a sus estándares éticos en los mercados emergentes, seguidos por sus homólogos en China y Asia Central.

En comparación, la percepción de los políticos en democracias como Brasil, Paraguay, Nigeria, México y Rumania es que estos líderes tienen los peores estándares éticos más bajos.

Ética en LatAm“En realidad parece contradictorio”, dice Thierry Geiger, director de análisis y estudios cuantitativos en el WEF, que ha encuestado a comunidades empresariales locales y expatriadas en 138 países sobre este tema desde 2007 como parte de su Informe de Competitividad Global anual.

Uno de los grandes perdedores de la evaluación “confianza en gobernantes” en este período ha sido Túnez, generalmente considerado como la única historia de éxito de los levantamientos árabes de 2011. En 2010, antes del derrocamiento del presidente Zein al-Abidine Ben Ali, sus políticos ocupaban el 15° lugar en confianza en el mundo. Bajo su actual Gobierno democrático, el país ha caído al puesto 63°.

Otros países que experimentaron fuertes caídas fueron las democracias de Sudáfrica, Barbados, Corea del Sur, Islandia, Chipre y España.

En suma, entre los 20 países de mercados emergentes que, según las encuestas de 2016, tienen los políticos más confiables, 13 han sido calificados como “no libres” por Freedom House (una organización estadounidense no gubernamental financiada por el Estado), mientras que tres fueron calificados “parcialmente libres” y sólo cuatro como “libres”.

Entre los 20 mercados emergentes cuyos políticos recibieron las calificaciones más bajas con respecto a sus estándares éticos, ninguno es considerado “no libre” por Freedom House. Seis son considerados “libres” y 14 “parcialmente libres”.

Los países emergentes con mayores recursos como Singapur y los Emiratos Árabes Unidos (los dos con las más altas calificaciones de confiabilidad política, por encima de Noruega y Nueva Zelanda) eran los países con mayor probabilidad de tener políticos menos corruptos en comparación con las naciones más pobres. Geiger ofreció una posible explicación: “Singapur no es una democracia, pero sus funcionarios se encuentran entre los gobernantes mejor remunerados en el mundo. No hay necesidad de aceptar sobornos si eres bien remunerado”.

Charles Robertson, economista en jefe de Renaissance Capital, un banco enfocado en mercados emergentes, dijo: “Normalmente creerías que los países más ricos respetarían un poco más a sus gobernantes”.

Él añadió que en las democracias más pobres podría haber un incentivo para “llevarse el dinero mientras puedes, ya que estás en el poder durante un corto período de tiempo. En las autocracias, estás en el poder para siempre y entonces piensas que hay suficiente dinero para repartir”.

Sin embargo, aún tomando en cuenta los ingresos per cápita de los países, hubo muchas sorpresas en los resultados del WEF.

Ruanda, que tiene un producto interno bruto per cápita de 732 dólares el año pasado, según el Fondo Monetario Internacional, fue evaluado como el 7° país en el mundo con respecto a tener los políticos “más limpios” en el mundo, mientras que Bután, con un PIB per cápita de 2.843 dólares, ocupa el puesto 25, por encima de Japón, Francia y Estados Unidos.

Robertson señaló que Paul Kagame, el presidente de Ruanda, había frenado la manipulación y el soborno de los funcionarios públicos, mientras que Bután “cuenta con una cierta medida de bienestar nacional y el rey es apreciado por todos”.

Malasia, un país más rico, ocupa un lugar relativamente alto (número 27 en el mundo) a pesar de la desaparición de cerca de 4 mil millones de dólares de sus fondos soberanos.

Las disparidades de riqueza no pueden explicar los resultados de América Latina, una región que tiene 10 de los 12 países que ocupan los puestos más bajos en el mundo. Entre los 138 países evaluados, Brasil es considerado el más bajo con respecto a la confiabilidad de sus políticos, seguido de cerca por otros países latinoamericanos: Paraguay (137), Bolivia (136), Venezuela (135), El Salvador (133), Nicaragua (132), República Dominicana (130), Argentina (129), Colombia (128), Guatemala (127), México (124), Perú (123) y Ecuador (122). Uruguay se destaca por encontrarse en el otro extremo de la escala en el lugar número 18. Todos estos países son considerados “libres” o “parcialmente libres”.

“El problema en América Latina en este momento es la percepción y en algunos casos la existencia de corrupción. No es sorprendente que se haya perdido la fe en los políticos y la democracia”, dice Neil Shearing, economista en jefe de mercados emergentes de la consultoría Capital Economics.

Brasil se ha visto especialmente afectado por el escándalo de Petrobras y la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff. Sin embargo, antes de este difícil período, el puesto más alto que había ocupado fue 97 en 2011.

Shearing advirtió sobre la posibilidad de que los resultados puedan estar sesgados, especialmente cuando se trata de las altas calificaciones de los Estados autoritarios.

“Si no tienes una cultura especialmente libre o una sociedad que permite el enfrentamiento, no es de extrañar que esos ciudadanos no cuestionen los Gobiernos y las autoridades”, dijo.// Los Tiempos

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