Dificultad para respirar, sibilancias, opresión en el pecho y tos, que varían con el tiempo y en intensidad. Estos son algunos de los síntomas más comunes del asma, enfermedad que debido a los cambios producidos en el medio ambiente y los estilos de vida, es cada vez más frecuente: en los últimos 40 años casi se ha triplicado el número de casos y se estima que hoy afecta a unos 300 millones de personas en todo el mundo (en la Argentina, al 6 por ciento de la población). Si bien no discrimina por edad, el impacto del asma se está sintiendo con más fuerza en los niños: ya es la enfermedad crónica más común entre ellos.

Debido a todo eso, y a que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las muertes por esta enfermedad aumentarán casi un 20 por ciento durante los próximos 10 años si no se toman medidas urgentes, se considera al asma un verdadero problema de salud pública.

Si bien hasta hace 50 años se pensaba que el asma era una enfermedad que producía básicamente dificultad para respirar, de la mano de un mayor conocimiento de los procesos que la provocan, hoy se le presta especial atención a sus características inflamatorias. De hecho, en la actualidad se la describe como un “trastorno inflamatorio sistémico”; esto quiere decir que su impacto va más allá del malestar que se manifiesta en los pulmones, aunque ése es el síntoma más claro y evidente: la mayoría de los pacientes con asma tiene una o más enfermedades asociadas. Por ejemplo, más del 80 por ciento de las personas asmáticas padece rinitis o rinosinusitis; y también se demostró un lazo estrecho entre asma y problemas dermatológicos como eccemas.

Temas de saludDe todas maneras, la característica principal del asma es la inflamación crónica de los bronquios (los encargados de conducir el aire para que entre y salga de los pulmones), lo que hace que las vías respiratorias se vuelvan más sensibles a los irritantes, se hinchen y se estrechen, provocando que se reduzca la cantidad de aire en circulación. Esta obstrucción del flujo de oxígeno puede ser reversible de manera espontánea, o bien con tratamientos especiales.

Aunque no se conocen con precisión cuáles son las causas del asma, sí se sabe que se debe a la combinación de una predisposición genética con la exposición ambiental a sustancias y partículas que, al inhalarse, provocan reacciones alérgicas o irritan las vías aéreas (ácaros, epitelios de mascotas, polen, moho, humo del tabaco, contaminación ambiental). El aire frío, una emoción extrema (experimentar súbitamente miedo o ira), la realización de ejercicios físicos y hasta ciertos medicamentos también pueden disparar un ataque de asma.

En aproximadamente la mitad de los adultos con asma la alergia desempeña un papel importante para su desencadenamiento.

Si bien es una enfermedad crónica que no se cura, con un diagnóstico y tratamiento adecuados, sumados a la educación del paciente sobre cómo manejarla, se la puede tener bajo control. Cuando esto último no se consigue, la afección puede interferir notablemente en las actividades diarias y la calidad de vida de la persona (y hasta ser causa de muerte).

Pero lo cierto es que la nueva visión que se tiene del asma como enfermedad inflamatoria sistémica comenzó a generar cambios en la forma de abordarla; ya no se necesita sólo aliviar el broncoespasmo que provoca sino, básicamente, controlar la inflamación de las vías respiratorias. Esto cambió la foto de manera contundente: hasta hace poco, quienes tenían asma enfrentaban serias dificultades para hacer una vida normal, e incluso el sólo hecho de mencionar que tenían la enfermedad generaba cierto grado de estigmatización. Hoy, ya no tienen por qué enfrentar limitaciones. Si las padecen es porque algo está fallando con el control de la enfermedad. Será cuestión de indagar y recalibrar.// Clarín

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