Percepciones sobre Bolivia en su 189 aniversario

Cultura política de la democracia

El estudio de Cultura Política de la Democracia en Bolivia 2014 es parte de una serie de investigaciones que cada dos años Ciudadanía, Comunidad de Estudios Sociales y Acción Pública realiza en sociedad con el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (Lapop), desde 1998.

Ésta es la novena edición del estudio, que combina una perspectiva internacional con temas específicos del país.

En esta edición especial por el 6 de agosto, Los Tiempos publica datos preliminares de la investigación que será presentada oficialmente en septiembre próximo.

La serie de estudios busca entender la forma en la que los bolivianos se relacionan con las instituciones políticas del país y con otros ciudadanos, e indaga sobre sus valores políticos, sus actitudes y sus preferencias en un marco institucional complejo y dinámico. El estudio es posible gracias a la generosa colaboración de la Embajada de Suecia en Bolivia, que apoya esta iniciativa desde el año 2010.

Lapop es un consorcio académico cuya dirección se encuentra en la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos. Reúne a decenas de universidades e instituciones académicas en el continente, muchas de las cuales son socias institucionales en los países donde se trabaja. Ciudadanía es el socio de Lapop en Bolivia desde el año 2014.

También son parte del consorcio un número importante de instituciones y organizaciones de cooperación multilateral o bilateral, y otras entidades que apoyan financieramente la realización de una operación tan compleja como la de Lapop.

La encuesta fue aplicada durante los meses de marzo y abril de 2014; todas las entrevistas realizadas fueron entrevistas cara a cara en el hogar del entrevistado, que fue seleccionado por medio de procedimientos aleatorios.

La encuesta fue realizada empleando el sistema Adgys de levantamiento de información con apoyo de teléfonos inteligentes con el sistema Android.

La muestra

La muestra sobre la cual se realizó la encuesta representa a toda la población boliviana en edad de votar sin exclusiones relacionadas al área de residencia, al sexo o a la edad.

En otras palabras, el diseño de la muestra garantiza que todas las personas del país en edad de votar tengan una probabilidad de ser seleccionadas para el estudio, independientemente de cualquier otro factor. Esto certifica que la representación que se hace de la población boliviana no sea sesgada.

Un total de 3.053 personas fueron entrevistadas durante los meses de marzo y abril de 2014. Esta cantidad de personas permite tener un margen de error de +- 2 con un nivel de confiabilidad de 95 por ciento. Esto quiere decir que en el 95 por ciento de las veces, los resultados generados en la encuesta no serán distintos en más de dos puntos porcentuales de los datos “reales” de la población.

La muestra está diseñada para ser representativa además a nivel departamental, permitiendo sacar conclusiones a nivel de cada uno de los departamentos e incluso dentro de ellos comparando áreas urbanas y rurales.

Cada uno de los departamentos fue tratado como un estrato muestral y se diseñó una muestra específica para que cada uno cuente con un total de entre 300 y 400 entrevistas, dependiendo del tamaño de su población. Este tamaño de muestra permite tener un margen de error de hasta +-6 a nivel departamental, también con un nivel de confianza de 95 por ciento.

 

La solidez de la identidad nacional se sostiene sobre los pilares de la diversidad

Bolivia es un país con una sólida identidad nacional. El sentimiento de pertenencia a la nación boliviana es sólido y está fuertemente afianzado entre la mayoría de la población, independientemente de la pertenencia a alguna de las naciones particulares.

Esa es la principal conclusión que se obtiene al analizar los resultados del estudio que bajo el título “La unión es la fuerza: desovillando la identidad nacional en el marco del Estado Plurinacional” fue realizado por un equipo de Ciudadanía, Comunidad de Estudios Sociales y Acción Pública, con el apoyo del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB).

Según esos resultados, la solidez de la identidad nacional boliviana no necesariamente implica una contradicción con el modelo de Estado Plurinacional pero sí obliga a pensar la plurinacionalidad a partir de la existencia de una nacionalidad común, mayor e integradora.

Esa relación aparentemente paradójica entre una identidad nacional fuerte, construida a partir del reconocimiento de símbolos propios y la demanda de un reconocimiento de las identidades particulares se explica precisamente porque uno de los elementos que los bolivianos(as) reconocen como fundacional de la identidad nacional es la diversidad.

189 años de BoliviaDesde sus orígenes, la nación boliviana fue asumida como un sentimiento de pertenencia a una comunidad diversa, pero que en su diversidad tiene cualidades y elementos propios y discernibles.

En lo que se refiere a las identidades particulares existentes en el país, el Estado Plurinacional se funda en la intersección de lo regional y lo indígena como base para el reconocimiento de derechos, autonomías y autogestión a colectividades particulares.

Pero la articulación de las distintas identidades no siempre es armónica y exenta de problemas. Los resultados de la investigación sugieren que existen tensiones importantes entre algunas identidades particulares. En su combinación se hacen visibles las relaciones de poder y las condiciones históricas en las que se encuentran.

Orgullo nacional

La principal característica de la manera como esa relación ha evolucionado durante los últimos años es que el sentido de pertenencia a la comunidad política nacional, expresado en el orgullo en la nacionalidad boliviana se ha incrementado de manera notable. Tal fenómeno sin duda está directamente relacionado con el proceso político que ha vivido el país. Y aunque en 2012 se registró un leve declive, la tendencia ascendente se mantuvo constante.

Comparados esos datos con los de otros países de la región, se encuentra que el promedio de orgullo de ser boliviano es cercano al promedio en América Latina, pero su crecimiento en los últimos años ha estado entre los más altos de la región.

En ese contexto, llama la atención el hecho de que entre los indígenas de las tierras bajas ha habido una disminución en el promedio de pertenencia nacional entre 2010 y 2012, lo que ha incidido en la caída del promedio nacional. Esa caída se produce después de un incremento sostenido desde el 2004.

También es relevante lo que sucede con la colectividad aymara: en 2004 este grupo presentaba un promedio de intensidad en su pertenencia nacional significativamente más bajo que el de cualquier de las otras colectividades étnico culturales del país. En contraste, en 2012 el promedio para este grupo es mayor que el de cualquier otra colectividad en el país.

Los departamentos en los cuales se intensifica el sentimiento de ser parte del país son Potosí, Oruro, Santa Cruz y Cochabamba y algo menos, en La Paz; los departamentos de Beni, Pando y Tarija reportan una situación de escasa variabilidad en la intensidad de la identidad departamental, donde es destacable la alta percepción identitaria regional de los benianos. El único departamento en el cual decrece la intensidad en la que la gente se siente parte de su región es en Chuquisaca.

En el caso de Santa Cruz, destaca el hecho de que la dimensión política y territorial mantiene la preponderancia que ha tenido en el discurso hegemónico de las élites regionales, desde su expresión institucional cívica.

FICHA TÉCNICA

La investigación se realizó en el marco de la convocatoria “La nación boliviana en tiempos del Estado Plurinacional” auspiciada por el Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB); el estudio fue realizado por Daniel Moreno, Gonzalo Vargas y Daniela Osorio, de Ciudadanía.

El foco de esta investigación es la manera en el que las identidades particulares se relacionan con la identidad nacional en el marco del Estado Plurinacional. Y es que, más allá de las definiciones constitucionales, el Estado Plurinacional como construcción societal es todavía un proceso, un producto en construcción cuya forma dependerá de las políticas que se tomen tanto desde el Estado como desde los actores sociales que detentan la riqueza de la diversidad de identidades en Bolivia.

El objetivo del estudio fue contribuir al debate sobre la construcción nacional y las identidades en Bolivia a través del análisis de la identidad nacional boliviana y su relación con las identidades colectivas y particulares que existen en el país y le dan sentido al nuevo EP boliviano.

Se aplicó un enfoque metodológico mixto, combinando información cuantitativa (datos secundarios de encuestas nacionales), con información cualitativa (talleres focales), y el “hilado no” propio de un fenómeno complejo como el de la construcción de identidades. La estrategia analítica de la investigación consiste en la búsqueda de relaciones estadísticas entre identidades regionales e indígenas y la identidad nacional.

Esta investigación, junto con otros siete estudios, fue publicada en un libro editado por el PIEB.

DÉBIL PERTENENCIA

El sentimiento promedio de pertenencia nacional entre los indígenas de tierras bajas sufrió una reducción importante entre 2010 y 2012, luego de registrar un incremento sostenido desde el 2004.

También es relevante lo que sucede con la colectividad aymara: en 2004 este grupo presentaba un promedio de intensidad en su pertenencia nacional significativamente más bajo que el resto, pero ahora es el más alto en el país.

LA "COCHABAMBINIDAD"

Lo "khochala", una identidad hecha en reacción contra lo que no se es

¿Cuál es la base de la identidad cochabambina? La inclinación a usar el término "khochala" para referirse al tema es de por sí toda una descripción. Es que si hay algo que caracteriza a lo cochabambino es precisamente el afán de construir una identidad sobre bases menos claras que las que le sirven como punto de referencia.

En efecto, la identidad cochabambina es sobre todo una de resistencia, reactiva, que tiene evidentes rasgos referidos a la diferenciación con relación al camba y al colla. El cochabambino busca distinguirse de las tensiones políticas territoriales entre oriente y occidente, lo que en términos contemporáneos tiene a la confrontación de enero de 2007 como su principal punto de referencia.

Lo "khochalo" se define pues, no tanto por "lo que es" como por "lo que no es". No es camba ni colla –entendido lo colla como lo altiplánico– y eso es suficiente base para buscar una identidad propia.

Un elemento importante en esa búsqueda de identidad es la apelación a los orígenes rurales, de provincia, pero no así indígenas. Se entiende al mestizaje como elemento central en la construcción identitaria nacional en tiempos de Estado Plurinacional.

Por lo anterior, la identidad nacional se vive con un cierto dejo de nostalgia por el pasado, por la forma de nación que era parte del ideal del pasado. Lo nacional en tiempos del Estado Plurinacional es visto como una ausencia, como un proyecto que excluye a quienes no tienen una identidad indígena.

Chapare

En el caso del trópico cochabambino, que durante los últimos años ha adquirido una importancia inusitada en la base económica y política de la región, lo que se destaca es un discurso identitario vigoroso basado en una narrativa de resistencia, pero transitando hacia una posición que sigue el discurso oficial estatal.

Lo Indígena Originario Campesino (IOC) es importante, pero se trata de un indígena diversificado culturalmente, que ha tenido que establecer una relación territorial con un entorno que no corresponde a su código cultural de origen.

En ese contexto, es fundamental la figura del líder de los productores de coca, el Presidente, que es visto y valorado como alguien que piensa y trabaja por Bolivia, por toda la nación.

¿CRISIS DE IDENTIDAD?

Mientras que cerca de 9 de cada 10 cochabambinos se identificaban como pertenecientes a un pueblo indígena u originario cuando se emplea la pregunta del censo de 2001, menos de 4 de cada 10 lo hace cuando se emplea la nueva pregunta del censo de 2012.

La magnitud de la diferencia en los resultados muestra la sensibilidad del registro de la autopertenencia étnica de los ciudadanos a los instrumentos empleados. Esto nos recuerda la necesidad de abordar las identidades desde una perspectiva menos esencialista, que tenga en cuenta su relación con el instrumento para registrarla, y que además considere el contexto social y político como un elemento determinante en la construcción social de las identidades.

EL ALTO Y LA IDENTIDAD NACIONAL

Visión nacional desde raíces aymaras

El Alto tiene entre sus principales características la solidez de su identidad regional, lo que se explica por muchos factores. Entre ellos, se destaca el carácter relativamente reciente de su formación como ciudad, la memoria histórica larga y corta, la organización social y el contexto político.

Otros factores que se constituyen en claves de la construcción de la identidad particular alteña son las raíces indígenas aymaras de la mayoría de sus habitantes, así como la matriz económica y la migración.

La identidad alteña se extrapola, además, a la identidad nacional, lo que le da una consistencia aún mayor.

La autoidentificación aymara tiene una importancia decisiva. Hace referencia a las raíces ancestrales de sus habitantes, la sangre de los abuelos, los orígenes de las personas y no tanto a prácticas culturales que se replican en la ciudad.

Como en la construcción de la identidad indígena, la sangre y el lugar de procedencia forman el sentimiento de bolivianidad.

LOS GUARANÍES

La identidad guaraní se construye con fuertes referencias a lo nacional.

La dimensión territorial y los recursos naturales son también importantes en la identidad guaraní.

Se entiende que, siendo recursos "propios" al encontrarse en su territorio ancestral, el pueblo guaraní ofrece en calidad de don el gas y los hidrocarburos al resto de la nación boliviana.

ORGULLO NACIONAL

Durante los últimos 10 años ha aumentado la autoestima del pueblo boliviano.

ANÁLISIS

Daniela Osorio M.

Investigadora de Ciudadanía

La diversidad en tiempos del Estado Plurinacional

“Lo que nos une es la diferencia”, una frase tan simple, pero tan complicada a la vez. Esta es una de las conclusiones a la que llega el trabajo “Nación, Identidad y Diversidad en el marco del Estado Plurinacional” (PIEB 2014), realizado por el equipo de investigación de Ciudadanía conformado por Daniel Moreno (coordinador), Gonzalo Vargas y Daniela Osorio.

A pesar de la coexistencia de fuertes y diversas identidades particulares en el país, indígenas y regionales, que en diferentes momentos históricos y coyunturas políticas polarizadoras parecen ser contrapuestas y hasta contradictorias; existe un sentimiento sólido de pertenencia a la comunidad nacional.

La complejidad de la sociedad boliviana, atribuida a su diversidad y a la escasa articulación de la misma en un proyecto nacional, marcada por las desigualdades socioeconómicas fruto de la herencia colonial; encuentra en la investigación insumos para su estudio desde la percepción de las y los bolivianos.

La nación boliviana se va formando a través del reconocimiento de nuestras diferencias. El trabajo halla que las identidades regionales y de pertenencia a los departamentos, lejos de ser un peligro para la unidad del país, fortalecen el sentimiento de bolivianidad de las y los ciudadanos. Lo mismo sucede con las identidades indígenas, que en tiempos del Estado Plurinacional van dando cuerpo a la nación boliviana, mayor e integradora.

Talleres focales con grupos que poseen identidades particulares indígenas y regionales fuertes, en distintos territorios, mostraron que las diversas colectividades que conviven en nuestro país, que han ido reconfigurando su sentimiento de pertenencia a la nación a través del tiempo, hoy demandan su reconocimiento y mayor autonomía frente al Estado central.

Pero lo hacen no desde lógicas separatistas o particularistas, sino desde la búsqueda del bien común, el respeto de la diversidad boliviana y la unidad; aportando desde distintas lógicas y visiones para un mejor futuro.

Estas conclusiones son la manifestación de los retos y desafíos que se plantean al naciente Estado Plurinacional y a la Constitución aprobada en 2009, para la construcción de un nuevo Estado incluyente, que a partir del reconocimiento efectivo de la diversidad (regional y cultural) puedan efectivamente garantizar la participación de todos y todas en la consolidación de una Bolivia más democrática.

 

Poca confianza y baja tolerancia

Los bolivianos tenemos cierta confianza en nuestros vecinos, no tanto, sólo un poco más de la mitad. Pero nuestra tolerancia política es bastante baja, por debajo de la mitad de una escala de valores del 1 al 10. No sólo eso, además va en descenso.

La tolerancia política es entendida como la disposición de una persona a apoyar los derechos civiles y políticos de los ciudadanos con los que no se está de acuerdo. Así, cuando se consulta sobre los derechos que tienen las personas que siempre están en contra del Gobierno (no sólo de éste sino del Gobierno en general), los encuestados dan una nota de 44,5 al derecho a manifestaciones públicas pacíficas; 44,0, derecho a votar; 38,7 libertad de expresión, y 36,4, derecho a ocupar cargos públicos. Sacando promedios, Bolivia alcanza en 2014 una media de 40,7 sobre cien, es decir muy por debajo de la mitad. Poca tolerancia.

Este porcentaje va de bajada si se compara con los índices de años anteriores, como 2012, cuando registró 44,7 puntos o 2010, que presentó 47,2 sobre cien.

Del otro lado, la confianza, aunque registra niveles mayores, De hecho es el nivel más bajo de tolerancia desde que comenzaron a hacerse este tipo de mediciones (1998), que después se aplicaron cada dos años.

189 años de BoliviaConfianza

En cuanto a la confianza, la gente parece haberse abierto algo más. A la pregunta de qué tanto confía usted en los vecinos de su comunidad, el registro de 2014 alcanzó 52,8 sobre 100. Es un progreso si se considera que en 1998 se comenzó con 46,2, pero es un descenso cuando se observa que en 2012 se había llegado a 54,4.

A nivel nacional, son los departamentos de oriente los que más confían en sus vecinos, especialmente Beni, donde este nivel alcanza a cifras superiores a 58. Santa Cruz y Chuquisaca oscilan entre 56 y 57. Los más desconfiados son los altiplánicos La Paz y Oruro con puntajes que van de 46 a 47 sobre cien.

También llama la atención que el nivel de confianza sea más bajo en las mujeres que en los hombres.

AMÉRICA

El estudio sobre tolerancia política para las Américas 2012 de la Lapop ubica a Bolivia como uno de los países más intolerantes del continente, superado sólo por Perú y Honduras, y seguido muy de cerca por Ecuador, El Salvador y Guatemala.

Del otro lado, los países más tolerantes son Canadá, Estados Unidos, Uruguay, Jamaica, Brasil y Chile, en ese orden.

VECINOS

Los bolivianos dan una nota de 52 sobre 100 al nivel de confianza que tienen en sus vecinos

ANÁLISIS

Vivian Schwarz-Blum

Coordinadora Investigación Social de Ciudadanía

El error de Melgarejo

Melgarejo estaba equivocado. Totalmente equivocado. Al menos eso le hubieran dicho los cientistas políticos en las últimas dos o tres décadas. La confianza en los demás es, según la teoría y la evidencia recolectada en países en todo el mundo, un elemento fundamental no sólo para la convivencia en sociedad, sino para la fortaleza de la democracia.

En general, las personas que confían en sus vecinos y en sus conciudadanos están más dispuestas a participar en instancias y momentos importantes para la organización de la comunidad, a proporcionar soluciones a los problemas de la comunidad e involucrarse en la implementación de estas soluciones; estas personas están más dispuestas a cooperar con los demás y con las autoridades en la mantención del orden y en la garantía de la seguridad, están más dispuestas a obedecer la ley y a apoyar el sistema político y la democracia. Todas estas son bondades de algo que generalmente pasa desapercibido, la confianza interpersonal, que no es otra cosa que la confianza en la gente.

Otra bondad crítica de la confianza en los demás es que nos impulsa a ser más tolerantes, una cualidad necesaria en cualquier sociedad y más aún en sociedades, como la nuestra, con alta diversidad social, cultural y étnica, en la que existe gran variedad de creencias, valores e ideas que necesariamente deben coexistir e idealmente, deben coexistir constructivamente.

La tolerancia es igualmente importante en una sociedad democrática con estas características, pues necesariamente existirán intereses y objetivos diferentes para negociar y conciliar en el proceso de toma de decisiones, para definir políticas y programas a nivel nacional, para elegir representantes y para evitar conflictos. Sin embargo, los datos del Barómetro de las Américas en Bolivia indican que en 2014 el nivel de tolerancia política en Bolivia es el más bajo registrado en los últimos 16 años. Esto quiere decir que ahora estamos menos dispuestos que nunca a que aquellos que piensan diferente de nosotros ejerzan su derecho a votar, a postularse para cargos públicos, a ejercitar su libertad de expresión o a participar en manifestaciones públicas, todos ellos derechos básicos de todo ciudadano en democracia. Si no queremos perder poco a poco nuestros derechos básicos como ciudadanos necesitamos retomar la construcción de una sociedad en la que al menos, podamos confiar los unos en los otros.

 

Alcaldías y gobernaciones reprobadas

Los bolivianos también asignan, en la mayoría de los casos, notas de reprobación al desenvolvimiento de sus niveles subnacionales más importantes, es decir, los gobiernos municipales y los departamentales, en ambas instancias con calificaciones inferiores a 50 sobre cien, en promedio.

Entre los dos estamentos, sin embargo, las gobernaciones reciben este año la nota más baja (46 sobre 100 si se compara con los municipios, que alcanzan 48 sobre 100), mientras que el grado de disconformidad parece ser mayor en los departamentos de occidente.

Asimismo, cuando se observa la evolución de la confianza de los bolivianos en sus instancias subnacionales, se ve que esta variable va en descenso. Fue en 2008 (cuando las gobernaciones todavía eran prefecturas) que se alcanzó la nota más alta de 53 sobre 100, tanto para el Gobierno departamental como para el municipal. Después de ese año, las calificaciones fueron en continuo descenso, con un leve repunte en el último año para el caso de las alcaldías.

A nivel de departamentos, son los tres de oriente (donde se embanderó la demanda de autonomía), además de Chuquisaca, los que mejores notas asignan a sus gobernaciones en 2014: Santa Cruz 60, Pando y Chuquisaca 55, y Beni 53 sobre 100.

189 años de BoliviaEn contrapartida, los departamentos de occidente son los que asignan más bajas notas a sus gobernaciones: Oruro con 44, Tarija, Cochabamba y La Paz, con 42 y Potosí con 41 sobre 100.

Municipios

Esta escala de valores a nivel departamental parece reproducirse cuando se consulta a los encuestados sobre el grado de satisfacción con los servicios que ejecutan sus respectivos municipios, pues nuevamente son los ciudadanos de Santa Cruz (67), Pando (66), Beni (62) y Chuquisaca (65) los que expresan mayor satisfacción con sus alcaldías.

A ellos se añade Tarija, con una nota de 66 sobre 100. La Paz y Potosí reportan 50 sobre 100, mientras que los más disconformes son Oruro con 49 y Cochabamba, en este último caso con un lapidario 40 sobre 100.

PARTIDOS

Actualmente, siete de nueve gobernaciones se encuentran en poder del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS). Sólo Santa Cruz y Beni tienen gobernadores de oposición.

En municipios, el MAS controlaba 231 de 337 alcaldías del país (según resultados de los comicios de 2010), pero sólo le pertenecían dos de las nueve ciudades capitales (Cochabamba y Cobija).

OCCIDENTE

Los departamentos de occidente son los más decontentos con sus gobernaciones y alcaldías.

ANÁLISIS

Benjamín Rodríguez

Investigador del informe de Cultura Política 2014

Confianza en la Gobernación y en los municipios

Las fluctuaciones del indicador de confianza ciudadana hacia las gobernaciones departamentales y los gobiernos municipales dibujan un contexto de cambios profundos iniciado en el país hace ya dos décadas y registran un amplio protagonismo de lo subnacional.

El promedio nacional del indicador de confianza en las prefecturas en el intervalo 1998-2008 experimenta un crecimiento de 44 a 53 puntos y en 2014 disminuye hasta 46 puntos sobre 100. Por su parte, el promedio nacional de confianza en los gobiernos municipales crece hasta llegar a 53 puntos en 2008, y se reduce a 48 puntos en 2014.

Si bien las cifras a escala nacional reflejan un panorama general, pueden disfrazar sugestivas diferencias entre departamentos. Así, Santa Cruz, Pando, Beni y Chuquisaca forman un grupo que supera los 53 puntos promedio.

Recordemos que los tres primeros pugnaron por las autonomías desde la denominada Media Luna que entonces abanderaba la oposición política con cariz regionalizado. En su momento, Chuquisaca, inmerso en su demanda de capitalía plena, se sumó a esta corriente. Los cinco departamentos restantes componen un segundo grupo que conceden una confianza menor a sus gobernaciones, en 2014 no llega a 45 puntos.

La línea de evolución temporal de los departamentos del eje troncal, muestra diferencias de niveles de confianza logrados por sus prefecturas: Santa Cruz ostenta los puntajes más altos hasta el presente y se mantiene por encima de 58 puntos. Cochabamba y La Paz, sufrieron un declive hasta llegar a 42 puntos en 2014.

Un buen indicador de desempeño de los gobiernos municipales es la satisfacción ciudadana con los servicios locales. A partir de la implementación de autonomías, el nivel de satisfacción en 2010 y 2012 llega debajo de 50 puntos. En 2014, el indicador vuelve a subir hasta 51 puntos, un signo favorable para la consolidación y desempeño de los gobiernos locales.

En síntesis, los resultados Lapop muestran cambios y contrastes importantes en los últimos 16 años: existen diferencias regionales entre oriente y occidente en la confianza en sus gobiernos departamentales. Y se observa un crecimiento reciente en la confianza y satisfacción ciudadana con los gobiernos autónomos municipales; los ámbitos locales adquieren hoy más relevancia.

 

La gente está conforme con la economía

En general, los bolivianos tienen una percepción medianamente positiva de la economía nacional y personal, de acuerdo con los datos del estudio de Cultura Política de la Democracia en Bolivia 2014.

Según los resultados de la investigación, la gente en casi todos los departamentos está satisfecha con el desempeño del Gobierno actual en el manejo de la economía.

El departamento que califica mejor la gestión económica es Pando. En una escala del 0 al 100, el promedio de satisfacción de la gente sobre el tema fue de 60,6. En Tarija es donde la percepción positiva sobre la marcha de la economía es menor con un 48,8.

Los cochabambinos calificaron la labor del Gobierno en el área económica sobre la mitad de la escala, con un 55,5 en promedio. En Oruro y La Paz, los puntajes son mayores, de 55,6 y 58,2, respectivamente.

189 años de BoliviaLa percepción positiva es menor en Beni, Potosí, Santa Cruz y Chuquisaca, aunque en todos los casos sobre 50 con promedios de 53,9, 52,7, 52,6 y 50,6, respectivamente.

En una relación entre nivel de educación y la satisfacción con el manejo de la economía, aquellas personas que cuentan con estudios completos universitarios y posgrados son las que son más críticas con la gestión económica del Ejecutivo y dan una aprobación debajo de 50 en la escala del 0 al 100.

En cambio, los ciudadanos que no tienen ningún grado de escolaridad y aquellos que llegaron hasta el bachillerato dan mejor calificación al Gobierno por el manejo económico.

Situación personal y del país

El estudio también muestra la percepción de la gente respecto a la situación económica del país y personal respecto a hace un año atrás. El 46,4 por ciento indicó que la situación del país está igual, mientras que un 30 por ciento cree que está mejor y un 23,7 por ciento que está peor.

Respecto a la situación económica personal, el 57 por ciento señaló que está igual respecto a hace 12 meses, el 24,4 por ciento que está mejor y el 18,6 por ciento que está peor.

ECONOMÍA PERSONAL

La percepción que los bolivianos tienen de su economía personal es más pesimista respecto a la que tienen de la economía del país. Según los resultados del estudio, para el 30 por ciento de los consultados, la economía boliviana mejoró respecto a hace 12 meses atrás, en cambio 24,4 por ciento dijo que percibía que su economía personal mejoró en el mismo período.

PANDO

Es el departamento donde mejor califican al Gobierno por su gestión de la economía.

ANÁLISIS

Daniel E. Moreno M.

Director de Ciudadanía

Percepciones sobre la economía

Los datos sobre lo que piensan los bolivianos de la economía muestran una sensación mayoritaria de optimismo. Son más los bolivianos y bolivianas que sienten que su situación económica personal está mejor o igual que hace un año, y lo mismo sucede cuando se pregunta a la gente sobre el país: la mayoría cree que estamos mejor que antes.

Las percepciones se corresponden con la realidad. Vivimos en una etapa de bonanza económica con pocos precedentes en la historia reciente de Bolivia. Los indicadores macroeconómicos muestran un país en crecimiento; según información de la Cepal Bolivia es el país de América Latina que crecerá más durante el 2014, y la proporción de personas que pueden dejar de considerarse pobres ha venido creciendo sostenidamente.

Y la expansión económica se siente en la calle, en los cientos de edificios nuevos y en construcción, en la cantidad de vehículos, en los comercios nuevos y en los restaurantes abarrotados. Los ciudadanos pueden ver este crecimiento, y a menudo lo pueden sentir en sus bolsillos, como los datos de la encuesta atestiguan.

En este clima de optimismo creo que es fundamental plantearnos dos preguntas sobre el crecimiento económico del país. En primer lugar, ¿qué tan sostenible es este crecimiento? Con “sostenible” me refiero tanto a las bases económicas de ese crecimiento (cuánto tiempo puede seguir creciendo la economía dependiendo tan fuertemente como siempre de la exportación de materias primas) como a las bases ambientales del crecimiento (hasta dónde puede seguirse expandiendo la frontera agrícola, explotando los recursos o contaminando el medioambiente).

En segundo lugar, ¿qué tan consistente es el crecimiento económico con la aspiración constitucional de los bolivianos por “vivir bien”? Una de las grandes novedades de la Constitución boliviana fue una forma alternativa de comprender el desarrollo que no pase únicamente por lo económico, sino que contemple otros factores como el medioambiental, el comunitario o el espiritual. A diferencia de los datos económicos, no tenemos información que nos diga cómo estamos en esos ámbitos, pero podemos asumir que el crecimiento tuvo un costo importante en ellos.

Al mismo tiempo que celebramos los éxitos del crecimiento económico del país, es necesario reflexionar sobre la sostenibilidad y la deseabilidad de este frenesí desarrollista. No hacerlo sería adoptar una actitud superficial e irresponsable con Bolivia y su futuro.// Los Tiempos (COM)

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